El crítico e
historiador de
cine Homero
Alsina
Thevenet fue
uno de los
mayores y
más
influyentes en
toda América
latina. (Foto:
gentileza «El
País» de
Montevideo.)
A los 83 años murió ayer por la madrugada, en su natal Montevideo, el crítico cinematográfico e historiador del cine Homero Alsina Thevenet, a quien sus lectores reconocían de inmediato por la sigla HAT con la que firmaba sus crónicas. «El hombre que fue sombrero» ('hat', en inglés), solía bromear.
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La obra que deja, no sólo en los fundamentales 19 libros que publicó sino, además, en la enorme influencia sobre varias generaciones de espectadores, es enorme. Alsina Thevenet aún continuaba en plena actividad, al frente del suplemento cultural del diario «El País» de Montevideo, que dirigía desde que lo fundó hace algo más de una década. Su muerte se produjo por complicaciones respiratorias luego de haber superado, hace un mes, una operación intestinal.
Parecería parte de la leyenda, pero gracias a Alsina Thevenet y a unos pocos colegas suyos de mediados de los '50, como Emir Rodríguez Monegal, América latina descubrió a Ingmar Bergman, a Roberto Rossellini, al neorrealismo italiano, a ciertas escuelas del cine americano previas al maccarthismo y, especialmente, a entender el cine como una de las vías privilegiadas para comprender la historia. Alsina Thevenet fue un hombre generoso, pero parco y severo. Algunos de sus rasgos más notorios fueron su memoria privilegiada y su obsesión por la precisión: nunca un giro fuera de lugar, nunca una frase ociosa, nunca una información sin chequear. También lo fueron su vasta cultura; su afición, casi juguetona a veces, por el dato aparentemente innecesario pero revelador (dos de sus últimos libros fueron la «Enciclopedia de los datos inútiles I y II»), y su ansiedad por no trampear nunca la confianza y el interés del lector.
Solía contar que su amor por el cine se lo debe al ciclista que lo atropelló cuando tenía 11 años. Debió soportar un yeso durante un mes y medio y su padre, también periodista cultural, le consiguió un pase gratis a la Cinemateca Uruguaya. A los 17 años empezó como corrector de pruebas en «Marcha», y su actividad profesional empezó en 1945. De 1952 a 1955 estuvo en la revista «Film», y entre 1954 y 1965 su primera etapa en «El País» de Montevideo.
Entre 1965 y 1976, ya en Buenos Aires, pasó por « Primera Plana» «Panorama» y «Adán», tan censurada por el gobierno de Juan Carlos Onganía. Uno de sus mayores dolores se lo produjo, en los años de la Argentina violenta, la vinculación de su hijo con el ERP y su posterior captura. Sospechado entonces por puras razones de parentesco, en 1976 se radicó en Barcelona, donde vivió como pudo, y volvió al país poco después del regreso de la democracia. Pasó por «Perfil», «La Razón» y fue durante algún tiempo jefe de espectáculos de «Página 12», donde volvió a padecer un problema de censuracuando descalificó la película «Sur» de Fernando Solanas. Ese disgusto, sumado a las añoranzas por Montevideo, terminaron por decidirlo a regresar a su país. Alsina Thevenet fue un intelectual polémico, que nunca cedió a modas. Jamás lo atrajeron ni la crítica francesa ni la teoría del cine «de autor». Siempre creyó, con críticos como el italiano Guido Aristarco y la norteamericana Pauline Kael, que el director sólo es una pieza más dentro del engranaje de una película, y que en algunos casos hasta el guionista puede llegar a ser más importante. Sus libros sobre listas negras en Hollywood y su famoso «Cine sonoro americano» son obras imprescindibles. M.Z.
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