11 de abril 2008 - 00:00

Ni thriller ni comedia negra

María Concepción César y Esteban Prol aportan credibilidada sus personajes (una ex diva y su entrevistador)en un intento de comedia negra que desluce la abruptainserción de una trama policial.
María Concepción César y Esteban Prol aportan credibilidad a sus personajes (una ex diva y su entrevistador) en un intento de comedia negra que desluce la abrupta inserción de una trama policial.
«Interviú» de M. Diament. Dir.: J. Baccaro. Int.: M.C. César y E. Prol. Esc. y Vest.: A. Bellatti. Ilum.: P. Tótolo. (Teatro Payró.)

Valeria Durand, la actriz que imaginó Mario Diament («Cita a ciegas»; «El libro de Ruth») en homenaje a «las divas del cine argentino», tiene todas las características atribuidas a cualquier diva y su manera de defenderlas es mucho más agresiva de lo que podrían sugerir sus buenos modos. Hace más de veinte años que interrumpió su carrera en circunstancias misteriosas para refugiarse en un hotel de Miami, donde vive rodeada de viejas fotografías (el escenógrafo Alberto Bellatti amplió estas imágenes creando la ilusión de que la actriz se mueve dentro de las páginas de un semanario dedicado a la farándula).

La visita de un periodista argentino al que le prometió una entrevista en exclusiva la pone doblemente en guardia. Por un lado se siente rejuvenecer ante este inesperado admirador que confiesa haberse enamorado de ella en un cine de barrio; pero a la vez se esfuerza en perfeccionar su simulación para no ceder a la curiosidad de este hombre que, ya sea por dinero o por deformación profesional, hará todo lo posible por desnudar sus miserias. Como una Norma Desmond a la criolla, Valeria vive rodeada de recuerdos que le permiten poner distancia de una realidad hostil. Aunque no viva en una mansión hollywoodense como la de «Sunset Boulevard», sino en un hotel del distrito Art Decó de Miami, ella también ha quedado aferrada a su personaje y no está dispuesta a soltarlo.

Su vínculo con el cronista atraviesa distintos estados (desde la complicidad, la atracción física y el delirio a dúo a la desconfianza mutua) y también permite repasar varios temas de interés como el precio de la fama, la fragilidad de los ídolos populares y su relación con el periodismo amarillista, la ausencia de límites entre vida pública y privada, etcétera.

María Concepción César y Esteban Prol aportan credibilidad a sus personajes, pero su juego actoral se ve limitado por la falta de matices. Tal vez no los favorezca la abrupta inserción de una trama policial -con cadáver incluido- que además de resultar poco creíble hace que al enfrentamiento inicial entre la actriz y el periodista vaya perdiendo fuerza.

En la obra abundan las pistas falsas pero la acción no fluye como debiera. Tratándose de una comedia negra que coquetea con el thriller, es de suponer que saldría favorecida con un ritmo más acelerado.

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