1 de octubre 2008 - 00:00

"Noches de tormenta"

Partiendo de un guión lacrimógeno y previsible, el director no sólo no hace nada paramejorar los diálogos propios de telenovela, sino que hasta desperdicia la probada químicaentre Richard Gere y Diane Lane.
Partiendo de un guión lacrimógeno y previsible, el director no sólo no hace nada para mejorar los diálogos propios de telenovela, sino que hasta desperdicia la probada química entre Richard Gere y Diane Lane.
«Noches de tormenta» (Nights in Rodanthe, EE.UU., 2008, habl. en inglés). Dir.: G.C. Wolfe. Int.: R. Gere, D. Lane, C. Merloni, J. Franco, S. Glenn, V. Davis, M. Whitman, C. Tahan.

Diane Lane es una mujer divorciada con dos hijos, decidida a cuidarle el hotel a su mujer amiga justo cuando está por llegar un huracán. Dado el mal tiempo, sólo tendrá que atender a un unico huésped, Richard Gere, un médico atormentado que no va al lugar como turista sino para resolver una acusación de mala praxis de un lugareño.

¡Sorpresa!: encerrados en medio de la tempestad, y confesándose sus angustias mutuamente, el amor verdadero no tardará en surgir entre ellos. Lamentablemente, el espectador debe saber que las cosas buenas no duran mucho, y pronto también recordará que las películas malas parecen durar eternamente, aún cuando en este caso no alcanza los discretos 100 minutos reales de proyección.

Los problemas empiezan por un guión tan previsible como poco original, y un director que no logra mejorar los diálogos cursis dignos de una telenovela con su dirección de actores, ya que la verdad es que Gere y Diane Lane poseen una química natural que alguien podría haberse ocupado de potenciar de algún modo.

Los momentos románticos son melosos, y hasta los episodios que podrían haber derivado del romance a lo erótico están cuidadosamente suavizados para no salir nunca de la novela rosa. En el reparto secundario, incluso un excelente intérprete como Scott Glenn luce sobreactuado, y más allá de la lindas postales tropicales y algún bonito blues de fondo, el director ni siquiera logra tensar un poco la acción con el vendaval de marras. En fin, una película para llorar, llorar y llorar pero no por el melodrama que cuenta, sino por lo mal que lo hace.

D.C.

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