18 de febrero 2008 - 00:00

Padilha: "Mi film no es fascista"

José Padilha, director de «Tropa de élite», celebra el Globo de Oro en compañía de la actriz Maria Ribeiro.
José Padilha, director de «Tropa de élite», celebra el Globo de Oro en compañía de la actriz Maria Ribeiro.
Berlín (Enviada especial) - El jurado internacional presidido por Costa Gavras dio a conocer el sábado los ganadores de esta 58 edición de la Berlinale. Los premios se repartieron pragmáticamente, recayendo en películas de directores noveles y de otros ya establecidos, destacando obras estéticamente llamativas y otras con marcada temática política.

La brasileña «Tropa de élite», de José Padilha, sobre un cuerpo policial especializado en combatir la circulación de drogas en villas miserias, se alzó con el Oso de Oro al mejor film. Obra política cuyo estilo visual y sonoro está emparentado con «Ciudad de Dios», la película fue calificada por muchos críticos como un alegato derechista a favor de la policía represora ( algunos llegaron a calificarla de simpatías fascistas).

El jurado debe haber advertido en el film que la descripción de mecanismos violentos está al servicio de una idea moral tan vieja como el mundo: la violencia engendra más violencia. Y habrá apreciado el traje dramático con que el director y su coguionista -ex miembro de ese grupo- vistieron el concepto, encarnado en trayectorias opuestas de policías mal pagos. Padilha, poco después, señaló que algunos de sus críticos habían «entendido mal» la película, que en su función de prensa no tuvo subtítulos en inglés, como es lo habitual, sino sólo en alemán.

El Premio Especial del Jurado recayó sobre el documental norteamericano «Standard Operating Procedure», de Errol Morris.

Primer documental en competencia en los 58 años de la Berlinale, la película investiga el comportamiento bochornoso de policías militares estadounidenses en una cárcel de Bagdad. La película requiere, por supuesto, una lectura más amplia y ciertamente crítica de la politica exterior del país presidido hasta el próximo enero por George Bush.

El realizador norteamericano Paul Thomas Anderson se llevó el Oso de Plata al mejor director por su notable «Petróleo sangriento», la tragedia de un hombre obsesionado que termina destruyendo cuanto lo rodea. La película recibió un segundo Oso de Plata por su contribución musical (una característica notable de todas las películas de este director, inmediatamente de relieve en la secuencia de apertura de la película premiada). Candidata a múltiples Oscar, la semana próxima se verá la opinión de los más de 5000 miembros de la Academia.

El Oso de Plata a la mejor interpretación femenina fue para la joven actriz inglesa Sally Hawkins que protagoniza en la simpática comedia costumbrista «Happy-Go-Lucky» de Mike Leigh a una maestra londinense con un apetito contagioso por la vida. El trabajo del iraní Reza Najie en otra encantadora comedia costumbrista, «La canción de los gorriones» del conocido Majid Majidi, redundó en el premio al mejor actor. Es una caracterización al serviciode un cine de recursos modestos pero bien utilizados.

La comedia minimalista mexicana «Lake Tahoe», que mira con cariño e ironía a personajes y situaciones de un pueblo de provincias, fue destacada con el premio Alfred Bauer, en memoria del fundador de la Berlinale, para premiar a una obra innovadora. Escrita y dirigida por un director muy joven, Fernando Eimbcke, la película anuncia la llegada de un realizador con visión propia.

Finalmente, el largometraje chino «Confiamos en el amor», sobre dilemas familiars y matrimoniales conectados indirectamente con políticas del gobierno chino, recibió un Oso de Plata por su guión. Se centra en cuatro personajes bien observados que, si bien funcionan en un contexto concreto de China, hoy alcanzan dimensión universal.

La presencia argentina en la Berliale fue mínima: el cálido documental «Café de los maestros», dirigido por Miguel Kohan, y «La rabia», largometraje de Albertina Carri. Escrita y dirigida por esta joven directora, la película plantea con brocha gorda, inmune al matiz, una metáfora sobre la vida social argentina: contagiosa como la rabia, nadie escapa a los efectos perniciosos de la violencia. No sólo los pobladores de la localidad de Roque Pérez, donde se filmó «La rabia», se preguntarán desconcertados a quién va dirigida la película.

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