7 de octubre 2008 - 00:00

"Pese a su destino, Anna Frank fue una joven alegre"

Vanesa González: «Entrar en el personaje de Anna Frankme ayudó a pensar, cambió mi manera de hacerlo, y fue útilpara mi maduración como actriz».
Vanesa González: «Entrar en el personaje de Anna Frank me ayudó a pensar, cambió mi manera de hacerlo, y fue útil para mi maduración como actriz».
En minifalda y remera parece de menor edad todavía, pero sabe muy bien lo que quiere: rechazó tres sustanciosas ofertas que le hizo la revista «Playboy» cuando cumplió los veintiún años; medita mucho sus respuestas (desde que «publicaron cosas que yo no dije») y hasta proyecta crear («en un futuro todavía lejano») su propia escuela de teatro.

Sorprendida por el resonante éxito de «Anna Frank» en el teatro Regina -un papel que está en las antípodas de la promiscua adolescente que compone en «Socias»- Vanesa González se muestra bastante escéptica en relación a su creciente exposición mediática. Por eso ha tomado como modelos a Mercedes Morán, su madre en la ficción («es cero estrella, cero diva»); a Lito Cruz, con quien estudió cinco años (cuando todavía sus padres no la dejaban presentarse en castings) y a la directora Helena Tritek que, según acota la actriz, «no deja que me envicie con nada, y para mantener vivo a mi personaje me sigue trayendo recortes de revista, citas literarias...». Dialogamos con González en un bar de Palermo.

Periodista: ¿A qué atribuye la repercusión de esta versión de «El diario de Anna Frank?»

Vanesa González: Además de los valores propios de la obra, y de que el elenco sigue muy unido, en el mundo siguen pasando este tipo de cosas y la gente tiene mucha necesidad de ver qué se siente y cómo vivieron estas personas en condiciones. A mí lo que más me sorprendió es que vengan chicos de 12 y 13 años.

P.: El libro siempre circuló entre los adolescentes pero, en las circunstancias en que transcurre la obra, ¿quién iba a pensar que las ocurrencias de la protagonista podían resultar cómicas?

V.G.: Es que, más allá de las circunstancias que le tocaron vivir, Anna es una persona llena de esperanza, y además está en plena explosión hormonal: se enamora, se pelea con su madre... Mucha gente me dijo: «Te juro que a pesar de saber el final, la alegría de esta nena me hizo sentir, por momentos, que esas vidas no podían terminar así.

P.: La obra describe los dos años de reclusión que compartió, en Amsterdam, la adolescente alemana Anna, con otras siete personas entre 1942 y 1944, antes de que los nazis los atraparan. ¿Le resultó difícil entrar en situación?

V.G.: Lo más difícil fue encontrar un equilibrio entre una nena de 13 años, de 1942, que ni siquiera había tenido su primera menstruación, y esa joven que va creciendo y madurando a medida que la obra avanza. Al comienzo ella es una chica feliz, inocente, soñadora, pero con una cabeza impresionante a la hora de escribir. De hecho cuando su padre, el único sobreviviente del grupo, encontró el diario, dijo que nunca había imaginado tan profunda a su hija. Eso para mí es muy importante, porque todos los adolescentes tenemos el mismo problema. A los adultos les cuesta mucho ver cómo somos y valorizar lo que tenemos dentro.

P.: En su momento, algunos detractores llegaron a decir que el diario era apócrifo, aunque más tarde los peritos verificaron su autenticidad.

V.G.: Anna era muy culta. Con todo lo que les hacía leer y estudiar el padre a ella y a su hermana, tenía que ser una chica brillante. Además tenía un talento enorme y mucho tiempo para reflexionar; era toda una artista. Siento que esta obra me ayudó a pensar, cambió mi manera de hacerlo, y fue útil para mi maduración como actriz.

P.: ¿Las chicas de su edad son en general como la Vicky de «Socias»?

V.G.: Vicky es una chica de clase social alta, con una madre que es un ángel, pero que no le pone límites. Ese es el gran error de hoy en día, la alta permisividad de los padres. Vicky se calentó con el hermanastro, tuvieron relaciones y ahora está embarazada y se va a casar. Pero no tiene sueños, ni intención de estudiar. Yo la compuse observando a las chicas de Palermo a la salida del colegio.

P.: ¿Usted cómo era a esa edad?

V.G.: A los 16 años yo no era así. Me crié en Banfield y desde muy chica quise ser actriz y no me arrepiento de nada, quizás de no haber hecho el viaje de egresados.

P.: ¿Sus padres impedían que usted fuera actriz?

V.G.: Es que para los chicos es muy difícil entender este ambiente, para ellos ser actor es lo mismo que ser famoso, cuando es un trabajo como cualquier otro. Sin embargo, a la mayoría de los actores les cuesta aceptarlo y entender que no hay que tener manías, caprichos ni hábitos de grandeza. Lo malo es cuando a los chicos les toca trabajar con actores que tienen este tipo de vicios, ellos terminan comportándose así. Yo nunca dejé de hacer las cosasque hice siempre, ni me dio por decir: ah, yo estas cosas nos las voy a hacer más porque soy famosa, como vi que hacen muchos. Mis gustos no cambiaron, lo que por ahí cambió fue la posibilidad de ir a ciertos lugares de mucha exposición porque no la paso bien.

P.: ¿Va a seguir «Socias» el próximo año?

V.G.: Seguimos hasta diciembre. Tengo entendido que no va a haber una segunda temporada.

P.: Usted no se cansa de elogiar a Mercedes Morán.

V.G.: Mercedes es más que una gran actriz, es una gran artista. Tiene una gran creatividad. Pero no sólo es maravilloso lo que hace con los guiones o en cada escena, sino todo lo que propone. Es una mujer común y normal, humilde. Uno la ve por la calle y por ahí ni siquiera la reconoce. Para mí es un ejemplo enorme. Por si hay alguien que desee saber qué es ser actor que tome de modelo a Mercedes Morán.

Entrevista de Patricia Espinosa

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