25 de noviembre 2009 - 15:31
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Pero la obsesión de adelgazar a toda costa rápidamente puede conllevar, según muchos especialistas, a sufrir problemas de salud.
Los concursantes, generalmente personas sedentarias, en algunos casos llegan a perder siete kilos en promedio en sólo una semana.
En el primer episodio de la última temporada, dos concursantes acabaron en el hospital, uno de ellos trasladado en heliambulancia luego de haberse desmayado por un repentino malestar.
Un adelgazamiento demasiado rápido conlleva casi siempre problemas de salud. El régimen del programa contradice las recomendaciones básicas de los nutricionistas de bajar peso de manera gradual, es decir como un máximo de 1 kilo por semana.
"No me sorprendería ver que a alguno de ellos le diese un infarto", dijo al New York Times Charles Burant, profesor de medicina en la Universidad de Michigan.
De distinto parecer es Rob Huizenga, asesor sanitario del programa The Biggest Loser, según el cual el programa es seguro.
El mismo Huizenga, sin embargo, admitió que en las pasadas temporadas se usaron prácticas poco seguras para hacer adelgazar a los concursantes.
Esto fue confirmado por los participantes, que describieron en la web prácticas de reducción de peso de pesadilla: Kai Hibbard, que llegó a la final tras haber bajado 60 kilos en la tercera temporada del programa, reveló que en las 24 horas anteriores al peso en la balanza ella y sus rivales bebían la menor cantidad de agua posible.
Kai, que llegó a pesar 70 kilos al final del show, recuperó 15 en dos semanas, un problema común en los participantes, que suelen recuperar el 20% del peso perdido al terminar el programa.


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