5 de diciembre 2005 - 00:00

Rareza que atrae por sus buenos intérpretes

Rodolfo Prantte yCarlos Casella(también director),junto a LeticiaMazur, son lostalentososbailarines, actoresy cantantes deuna piezainclasificable queinserta rasgos dela culturaparaguaya en unambiente ultraurbano.
Rodolfo Prantte y Carlos Casella (también director), junto a Leticia Mazur, son los talentosos bailarines, actores y cantantes de una pieza inclasificable que inserta rasgos de la cultura paraguaya en un ambiente ultra urbano.
«Guarania mía» de C. Casella, R. Prantte, L. Mazur y M. Salerno. Dir.: C. Casella. Int.: C. Casella, R. Prantte y L. Mazur. Mús.: D. Wainer. Esc.:A. Vaccaro. Vest.: C. Alassia. Ilum.: G. Córdova. («El portón de Sánchez.)

Las melodías del folklore guaraní sirvieron de inspiración a este sofisticado espectáculo dirigido por el bailarín y coreógrafo Carlos Casella, de reconocida trayectoria al frente del grupo «El descueve» (creadores de «Hermosura» y «Patito feo»).

Resulta difícil ubicar a «Guarania mía» dentro de un determinado rubro artístico. La obra, que incluye música, danza y actuación, recurre a acciones físicas muy sugerentes y a situaciones vagamente teatrales. A partir de una escenografía decididamente minimalista (dominada por un piso de madera rojo y varias sogas simulando lianas) es posible imaginar una selva llena de criaturas al acecho. Pero este paisaje «natural» -realzado por la colorida iluminación de Gonzalo Córdova- está allí para ser observado desde un lugar de extrañamiento muy influido por los códigos urbanos.

El buen bailarín Rodolfo Prantte -figura clave de este espectáculo- tiene a su cargo un par de escenas muy graciosas en las que exhibe sus dotes de comediante. Además de hablar en guaraní, se da el gusto de homenajear a sus ancestros paraguayos a través del humor. Este ex integrante de Nucleodanza protagoniza un atractivo dúo de danza con Casella, en el que ambos se transforman muy sutilmente en un par de indias. Por su parte, Leticia Mazur -una de las estupendas intérpretes de «Secreto y Malibú»- compone a una histérica hiperkinética en busca de emociones fuertes (fantasea con King Kong, pelea con florete y se desliza en patines por todo el escenario).

Ese choque entre el armonioso universo indígena y la crispante vida moderna con su euforia artificial no siempre encuentra una buena resolución escénica. Hay varias ideas sin desarrollar y algunas acciones parecen agotarse en sí mismas. Aún así la buena performance de sus protagonistas (Casella se luce cantando las famosas guaranias «India» y «Anahí») logra disimular la estructura más bien caótica de esta propuesta.

Como fantasía urbana recuerda un poco a aquella alocada road movie «Priscilla en el desierto» en la que dos travestis y un transexual recorrían el indómito paisaje australiano cargados de plumas y lentejuelas. Aquí se trata de otro clima y de otro ambiente -y además no hay historia que contar-, pero el choque entre culturas diferentes es también muy intenso.

En pocas palabras,
«Guarania mía» toma algunos pocos rasgos del acervo cultural paraguayo y les quita su humilde impronta folklórica, para finalmente insertarlos en un ambiente ultra moderno y glamoroso.

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