Marianna Ryzhkina y
Alexander Vetrov en la
versión de la «Carmen» de
Alberto Alonso, en el
Metropolitan de Nueva
York.
Exaltar la pasión erótica en el arte era un acto contrarrevolucionaria, un rasgo más de la decadencia burguesa occidental. No se lo toleró siquiera al ballet clásico, y ni a su mayor estrella, Maya Plisétskaya, ni a un coreógrafo cubano como Alberto Alonso. Es así que recién ahora, varios años después de la caída del comunismo, Alonso está preparando el reestreno del ballet «Carmen», sobre la música de Georges Bizet, tal como se lo había propuesto antes y no lo dejaron. Lamentablemente, Plisétskaya, de 80 años, ya no podrá ser la heroína gitana que enloquece a Don José.
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Personaje clásico de la galería de la famosa étoile, ella siempre debió sacrificar su composición y los pasos de la obra a lo que mandaba el puritanismo comunista. En los años 60, este ballet supuso toda una revolución en medio del clasicismo que entonces reinaba en el teatro Bolshoi, y su actual retorno sin censura despierta no menos expectativas.
Para el público, la visita de Alonso supone mucho más que el reestreno de un ballet cuya popularidad en Rusia es equiparable a «El lago de los cisnes». A diferencia de los 60, cuando el coreógrafo cubano era presentado como «embajador de la Revolución», en la Rusia de hoy lo anuncian como discípulo de Olga Preobrazhénskaya, la «prima» del Teatro Imperial de San Petersburgo, que emigró a Francia tras la revolución bolchevique.
Refiriéndose a la nueva puesta en escena, Alonso dijo en declaraciones a la prensa en Moscú que, además de que «siempre hay diferencias, porque el tiempo corre», esta vez el público podrá ver la «versión primigenia, con su baile plenamente sensual». En 1967, cuando Alonso creó su «Carmen» en el Bolshoi «la situación en este país era otra, muy distinta de la actual. Ahora se puede poner en escena cualquier ballet», recordó. «'Carmen' es pura pasión y en aquellos años eso aquí no estaba bien visto», dijo.
El coreógrafo relató que ya durante los ensayos, Plisétskaya y su pareja, Nikolái Fadéichev, que interpretaba a Don José, estaban muy asustados y le pedían «reducir la sensualidad» de la danza, además de cortar algunas escenas, por temor a la censura. El escándalo estalló cuando el espectáculo fue mostrado a una comisión del Ministerio de Cultura Soviética. «Esos funcionarios creían que el espectáculo debía ser muy sobrio y formal.
Parece que no sabían que 'Carmen' es la historia de un amor de locura», se sonrió Alonso. El Ministerio prohibió de inmediato esa versión, y Alonso anunció que se iba de Moscú. «Estuve a punto de mandarlo todo al diablo, pero Maya me convenció de que me quedara. Fue una recomendación prudente. Como resultado, hubo que inventar una versión 'light', y hubo que improvisarla. Así y todo, logré llevar al Bolshoi el estilo que buscaba ya en Cuba, una fusión del ballet clásico y de las danzas españolas y cubanas», dijo Alonso.
Recordando los años 60, cuando la fama de la gran bailarina era equiparable a la del primer cosmonauta del mundo Yuri Gagarin, Alonso confesó que su sueño era que «algún día» Plisétskaya quisiera trabajar con él. «Jamás pensé en 'Carmen' como ballet, la idea surgió gracias a Maya», dijo. Tanto la puesta en escena, realizada por Alonso, como la música misma, basada en la ópera de Bizet y compuesta por Rodión Schedrín, esposo de Plisétskaya, fueron creadas especialmente para la mítica bailarina. Esta vez, el espectáculo se estrenará en el marco del Festival Maya Plisétskaya, con el que será homenajeada.
Será la joven estrella del Bolshoi Svetlana Zajárova quien interpretará el papel de Carmen y asumirá el reto de ser comparada a la «gran Maya».
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