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23 de septiembre 2008 - 00:00

San Sebastián: la hora española

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La actriz peruana Tatiana Astengo, revelación en «Pantaleón y las visitadoras », es figura en «El patio de mi cárcel», producida por los Almodóvar.
San Sebastián - España pisó firme, y a dos bandas, aunque sin satisfacer del todo, en la jornada festivalera de ayer. Lo hizo en competencia oficial, con un film de intención noble y vendedora, producida por la Warner y los hermanos Almodóvar: «El patio de mi cárcel», de la debutante (pero con experiencia televisiva) Belén Macías. Y en la sección Nuevos Directores, con «El truco del manco», una historia de pícaros o sobrevivientes, según se vea, de Santiago Zannou.

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Ambos films evidencian las posibilidades de integración social a través del arte. «El patio» recreando libremente una linda experiencia de teatro vocacional y/o terapéutico cumplida en una cárcel femenina durante los '80 (similar a lo que acá se hizo en los '60.en la cárcel de Coronda, que entonces era cárcel modelo). «El truco», mediante las andanzas de un payo agitanado, discapacitado motriz, apodado El Cuajo, que quiere poner un estudio musical junto a su amigo mulato. Pequeño detalle: el hombre tiene problemas en un brazo y una pierna, pero sabe de música, como que lo interpreta Juan Manuel Montilla, El Langui, líder del grupo musical de hip hop gitano La Excepción.

Muy fuerte, ver al Langui subiendo al escenario como podía, y después no podía bajar, pero porque antes de la proyección cantó un tema con un fondo de violines, y no lo dejaban que se fuera. La integración social a través del arte se da también en la vida real, ya que «El truco» es buena carta de presentación de varios hijos de inmigrantes, empezando por Santiago Zannou, el primer director negro de España (sus padres proceden de Benin), y «El patio» le da su cartel a la actriz peruana Tatiana Astengo, que llegó hace cuatro años a la Península, y al fin recibió su oportunidad ¡haciendo de colombiana! (quizá haya aprendido el tono cuando trabajó junto a Angie Cepeda en «Pantaleón y las visitadoras» donde, difícil olvidarla, interpretaba a La Pechuga).

La realidad coincide con la ficción: cerca de las salas donde se presentaron «El patio de mi cárcel» y la irlandesa «Hunger», sobre la famosa huelga de hambre de presos del Ira en la tétrica Mazel Prison, 1981, algunos grupos arrojaron volantes reclamando contra las condiciones carcelarias de los presos de Eta, uno de los cuales, de sólo 18 años, está haciendo en estos momentos una huelga de hambre. El asunto amenaza tensarse con la presentación, anoche, del nuevo film de Jaime Rosales, «Tiro en la cabeza», sobre ciertos jóvenes que se entretienen en matar policías cerca de la frontera con Francia.

A propósito de Francia, quien estuvo aquí brevemente fue la nonagenaria Tsilla Chelton, vieja característica del cine galo, e inesperada protagonista del cine turco. Más inesperado, en las películas francesas casi siempre hizo de mala (desde «La guerra de los botones», de Yves Robert, en adelante), y ahora hace de abuela buena, capaz de sabias reflexiones en los pocos ratos que el Alzheimer se lo permite, porque la historia cuenta de una viejita a quien el nieto ayuda a escapar del asilo, para morir en su casa al pie de una ladera, como corresponde.

La película se llama «Pandoranin kutusu», la caja de Pandora, la hizo la agradable Yesim Ustaoglu («Esperando las nubes»), y sería muy lindo que doña Chelton se fuera del festival con un premio. Como sea, le basta haber disfrutado su protagónico, «actuando en una lengua que desconocía, que aprendí a hablar, y que ya me olvidé», bromeó la veterana, que en una charla sobre los viejos ignorados, las familias mezquinas, y las durezas de la vida, resultó más optimista la vieja que la joven directora. «En todo caso, la belleza nos puede resultar útil», destacó, aunque no dijo si como arma o como consuelo.

El otro nonagenario del festival, Mario Monicelli, ya se fue con su esposa, antes de lo previsto debido a una inoportuna bronquitis. Deja su retrospectiva, que va desde sus cortos mudos de aficionado, hasta un documental que hizo este año sobre su barrio, «Vicino al Colosseo, c'è Monti», pasando por unas cuantas comedias con Totó, Aldo Fabrizzi, Alberto Sordi, Mastroianni, Gassman y Tognazzi, y hasta una rareza, una dramática con Mel Ferrer como cura en medio de la mafia rural.

Se fueron también, pero porque estaba previsto, Woody Allen con su esposa coreana, Antonio Banderas con su esposa la actriz Melanie Griffith, y Javier Bardem con su madre, la actriz Pilar Bardem, a quien deja en casa para encontrarse con Penélope Cruz. Se queda otra pareja que va siendo famosa, la actriz Leonor Watling, miembro del jurado actual, con su novio el cantautor uruguayo Jorge Drexler. «Ah, pero con un Oscar cualquiera puede», protestaba un envidioso en la fila de cazadores de autógrafos.

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