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26 de abril 2007 - 00:00

Triángulo melancólico, con buenas actuaciones

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Nicolás Cabré y Mónica Ayos (destacable casi debut en cine) en «Tres de corazones» de Sergio Renán.
«Tres de corazones» (id., Argentina, 2007, habl. en esp.); Dir.: S. Renán; Guión: C. Gamerro, R. Mira, S. Renán; Int.: N. Cabré, L. Luque, M. Ayos, Ch. Zorrilla, R. Serrano, S. Boris, L. Suardi, M. Paolucci, C. Rissi.

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Angelito parece un buen muchacho, pero tiene poca suerte. Por quedarse dormido le robaron el acoplado del camión, el jefe lo despidió, el futuro cuñado le prometió ayuda y lo traicionó, lo echaron de la pensión, y ahora vive al día, trabajando en una agencia de taxis, a las órdenes de un gordo prepotente que, para colmo, quiere a la misma chica de la que él está enamorado. Peor, ese tipo tiene unos arranques de furia, un local de mujeres, y unos guardaespaldas, que mejor no hablar.

O en una de esas el desafortunado es el gordo Coria. No importa que sea dueño de negocios legales e ilegales, que los empleados y las locas le tengan miedo, ni que otro gordo, un admirador oscuro y obsecuente, le sirva de eco y de alfombra. Cuando vuelve a su casa, Coria y su anciana madre sienten todavía la ausencia del hermanito muerto, y el silencio por la falta de nietos que la vieja reclama con dulzura.

Coria contrató al Angelito por una única razón: porque le recordaba al hermano, cuya pieza se conserva tal cual desde hace casi 30 años, a juzgar por los afiches de Bo Derek, Raúl Porchetto y Martillo Roldán que adornan las paredes (también se vislumbra una formación de Racing, pero no se alcanza a ver de qué temporada). El aprecia a ese empleado, sin saber que éste ya forzó a la chica con quien él ahora quiere formalizar, y tener hijos.

Del trabajo de la chica, también es mejor no hablar, por respeto a su familia, que ella quiere mucho. La verdad, es buena piba. Pero no sabe con cuál de los dos hombres quedar bien. Ahí están, entonces, los tres de corazones aludidos en el título. Que se inspira libremente en uno de los primeros cuentos de Juan José Saer, «El taximetrista» («En la zona», ed. Castelví, Santa Fe, 1960), ya llevado, muy libremente, a la pantalla en «El encuentro», de Dino Minitti. Héctor Pellegrini, Orlando Bohr y María Cristina Laurenz hacían entonces los personajes que hoy hacen Nicolás Cabré, Luis Luque y Mónica Ayos, casi debutante en cine, y cuya actuación es realmente digna de destacar. Sergio Renán, ya veterano en estas lides, conserva con firmeza su mano, su estilo, y su perspicacia para el armado de elencos y de equipos. La tendencia al grito excesivo y a la caricatura en algunos actores, se compensa parcialmente con el modo más natural de otros, como Norma Argentina, Leonardo Ramírez y Luciano Suardi (deliberadamente citamos tres que aparecen mucho menos de lo deseado), una pintura grotesca de gente ordinaria en día de fiesta nos remite a un picnic de «Tacos altos», y la llaneza de ciertas escenas encuentra su razón en el detalle de algunos rostros (por ejemplo, los planos de Luque en soledad, porque a fin de cuentas ésta es una historia de afectos, prepotencias, y soledades, tres cosas que suelen estar más unidas de lo que se piensa).

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