28 de noviembre 2005 - 00:00

¿Un arte robado o secuestrado?

Con la recuperación de tres de la veintena de obras robadas en la Navidad de 1980 en el Museo Nacional de Bellas Artes, el tema del robo de obras de arte ha sido noticia nuevamente. Aquel robo no fue realizado por expertos sino por aficionados que robaron las obras que se encontraban en la sala de la donacion de Mercedes Santamarina, mujer sin herederos que legó la mayor parte de la colección que decoraba su departamento en el edificio Estrougamou de la calle Juncal, con buen asesoramiento las donó con cargo de exposición y que no deberían salir del museo bajo ninguna circunstancia; es por ello que su estupendo pastel «bailarinas en amarillo y rosa», considerada una de las diez obras más importantes de Edgard Degas y sin duda la obra mas valiosa del patrimonio nacional, no ha participado en las retrospectivas del autor realizadas en EE.UU. y en Europa.

Generalmente no se roban obras de arte sino tan sólo se las secuestra para cobrar rescate; la venta es muy dificultosa y el «reducir» una obra de arte se convierte en algo muy difícil para los malhechores; las compañías de seguros son generalmente las que pagan los rescates o incluso son las propias víctimas las que lo hacen cuando carecen de seguro.

El robo del museo no buscó las obras más valiosas o fáciles de vender; el destino las llevó a Taiwan, que carece de acuerdos juridicos que permitan rescatar las obras aún no devueltas, por lo tanto el rescate es la única solución viable y sin duda al Estado pagar por algo que les ha sido robado no es algo fácil de resolver.

Hay una organizacion privada especializada en estos rescates llamada «Arte Perdido» que es comandada por un británico con un grupo de especialistas provenientes de Interpol. Ellos rastrearon las obras argentinas en poder de un taiwanés y luego de invertir tiempo y dinero localizaron un Gauguin, un Cézanne y un Rodin en una galería francesa. Estas tres obras con un valor estimado en un millón de dólares llegaron a Buenos Aires la semana pasada: hay que destacar el trabajo del embajador Archibaldo Lanús, un coleccionista de ley que con pasión se ocupó del tema, ante la desidia de otros funcionarios. No sabemos porqué tanta gente viajó a París a buscar las obras; el cuerpo diplomático representa al país y no necesitamos enviar gente con viáticos, pasajes y otras yerbas.

Cuando vemos que aparecen obras robadas en una estacion de tren o en un ropero en medio de la isla de Cerdeña, estamos frente a una devolucióncon pago de rescate previo;esto pasó con la obra de Claude Monet «Impresión, puerto de Le Havre», que le dio el nombre al movimiento impresionista y que fue robada del Museo Marmottan de París. Luego se supo que estaba en Japón en manos de la mafia Yakuda y «milagrosamente» volvió a París y se la disfruta en el Museo. Hace unos días se conoció la inteligente acción de las autoridades de la Tate Gallery de Londres: cobraron hace un tiempo 30 millones de libras por dos obras de Turner que habían sido robadas; las obras pasaron a ser propiedad de la compañía de seguros, pero no aparecieron más; al poco tiempo la Tate ofreció pagarle a la compañía 4 millones por las obras y ésta aceptó; ahora la Tate está negociando pagar 2,5 millones de libras a los representantes de los ladrones y recuperar las obras. Sin duda un buen negocio y sobre todo una enseñanza de actuación diligente por parte de las autoridades culturales. Esto parece una historia de Agatha Chiristie y una utopía en nuestro país donde los funcionarios deben llenar planillas para justificar gastos de veinte pesos. Cada vez que se roba una obra aparece la historia romántica de un robo por encargo por parte de un coleccionista fanático; esto es sólo para las novelas. Esos presuntos ladronescoleccionistas no tienen las obras para disfrutarlas a solas mientras toman un Felipe Rutini 96; el coleccionista disfruta si sus amigos comparten con él lo que atesora. Si alguien está dispuesto a robar una obra de arte, posiblemente lo logrará, ya que tiene a su favor el efectosorpresa y luego tendrá el problema de qué hacer con ella. Los comerciantes de arte tienen la obligación de cuidar hasta el mínimo detalle cuando adquieren una obra, y el Código Civil limita la presunta «buena fe» en el caso de los que tienen la habitualidad de comprar obras. Para recuperar las obras robadas del Museo Nacional habrá que pagar rescate.

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