4 de noviembre 2005 - 00:00
Un documental a la altura del talento que retrata
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El film de Raúl Etchelet cuenta la vida artística de la inolvidable Niní Marshall con ingenio y creatividad, y si bien el material de archivo es técnicamente desparejo, los fragmentos están muy bien elegidos.
«Bienvenidos a la fiesta, las tardes son de cine, las noches de teatro y cabaret, aunque en las mañanas se deba llegar temprano al trabajo. La gente llena los restaurantes y los bares, la milonga y las escuelas. Los trenes atraviesan campo llevando la producción a los puertos, hay un teatro y un cine en cada pueblo, y en aquella pantalla en blanco y negro las estrellas de fama breve sonríen inalcanzables para la gente común que sueña vidas ajenas», lee Enrique Pinti en off una página de la biografía de Niní que ha escrito Raúl Etchelet, asimismo autor de esta película.
Pinti es el narrador adecuado. Se lo sabe admirador y continuador de nuestras glorias del espectáculo, revisor de nuestra historia, y además su estilo sintoniza con el de Etchelet, rápido, medio periodístico, ideal para equilibrar con la inmediata nostalgia que convocan -apenas empieza la película- la voz de Niní, ya viejita, en un contestador, y las viejas cortinas radiales que de inmediato despiertan la memoria emotiva del público.




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