Antes que un western, «El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford» es un
thriller psicológico con una mirada distinta sobre el mítico bandido al que el cine siempre
trató como un héroe.
«El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford» ( Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford, EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir:: A. Dominik. Int.: B. Pitt, C. Affleck, M.-L. Parker, S. Rockwell, S. Shepard, Z. Deschanel.
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"Yo matè a Jesse James". La famosa frase la pronunciaba John Ireland en la película homónima de Sam Fuller, que necesitaba sólo 81 minutos para contar la historia de Bob Ford, el traidor que mató al célebre bandido por la espalda.
«El asesinato de Jesse James...» necesita el doble de metraje para contar la historia de aquel «cobarde cuyo nombre no merece figurar en esta lápida». Lo que no está mal del todo, entendiendo que esta nueva película no es exactamente un western, sino una especie de thriller psicológico de época sobre paranoias y personalidades intercambiadas. Para sintetizar, lo podríamos llamar un antiwestern extremadamente dark, a tono con la melancólica música de Nick Cave que apoya el clima de cada escena.
La película del neocelandés Andrew Dominik enfoca a Jesse James (Brad Pitt) al final de sus andanzas, justo antes de que su hermano Frank (Sam Shepard) deje la banda. Lejos están los tiempos de Tyrone Power y Henry Fonda arrojándose de un barranco con sus cabalgaduras (en «Tierra de audaces» de Henry King), o de la utraviolenta lluvia de balas de los James y Stacey Keach en « Cabalgata Infernal» de Walter Hill. Sólo se describe el último y poco feliz asalto a un tren por la banda de Jesse, un golpe con más violencia innecesaria hacía víctimas indefensas que ganancias. Todo esto filmado para convertir sin vacilar al héroe legendario en un villano sangriento muy poco glorioso, endiosado por infelices como el joven Bob Ford (Casey Affleck), voluntariosos al momento de torturar pasajeros europeos que no dominan el idioma inglés y que apenas tratan de escamotear de los asaltantes unos pocos dólares o un reloj de bolsillo.
La tortuosa personalidad de Jesse James, un hombre que debe vivir como nómade con su mujer e hijos pequeños que ni siquiera saben el nombre de su padre, se va extremando hasta convertir al héroe en un cancerbero de sus cómplices y amigos, que en realidad viven aterrorizados, siempre cuidando de no despertar algún recelo o sospecha en un hombre que cuya vida tiene un precio muy alto. Este Jesse no duda en matar por la espalda a un viejo amigo ante la mínima presunción de que no está diciendo la verdad, y tampoco duda en torturar a un chico si no le da el paradero de un cómplice que se atrevió a planear un golpe solo.
El guión hace que un film que comienza oscuro rápidamente se vuelva realmente siniestro, llevando a un bueno para nada como Bob Ford a soñar con una gloria distinta a la que lo llevó a formar parte de la banda de los hermanos James.
El ritmo es lento e implacablemente negro, y si bien en un comienzo alarma la falta del tono épico propio de un western, pronto se descubre la coherencia estética de una película con una mirada totalmente original de personajes retratados por el cine hasta el hartazgo.
La fotografía de Roger Deakins por momentos es la estrella del film, pero aquí hay un director que expresa su personalidad en cada plano, y que incluso logra que un galán como Brad Pitt no sólo actúe formidablemente bien, sino que además luzca retorcido y ominoso en su encarnación de un cowboy que cabalgó hacia el atardecer y nunca pudo salir de la noche más oscura.
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