Obra de Juan Melé, conspicuo representante
de Arte Concreto Invención, uno de los
movimientos que reseña el libro de Mario H,
Gradowczyk «Arte abstracto. Cruzando líneas
desde el Sur».
Editado por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) se acaba de publicar «Arte abstracto-Cruzando líneas desde el Sur» (227 páginas), de Mario H. Gradowczyk, un ingeniero y doctor en Ciencias Técnicas cuya afición por el arte lo ha llevado a escribir libros sobre Torres García y Xul Solar, poner en el mapa del arte argentino a un artista oculto como Esteban Lisa, coordinar muestras en instituciones públicas y privadas en Buenos Aires, Nueva York, México, Madrid y Londres. Además de ensayista, es colaborador de las revistas «Ramona» y «Archivos del Presente», así como del diario «El País» de Montevideo.
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Fue recién a principios del siglo XX que los artistas comenzaron a realizar obras carentes de toda referencia evidente al mundo de las apariencias, creando formas por sí mismas, sujetas a las leyes del arte en lugar de las de la naturaleza. Al eliminar toda representación ilusoria, los artistas abstractos operaron en una frontera estética a la que Piet Mondrian llamó «el borde del abismo». Es indudable que el fenómeno de la abstracción alteró el curso del arte del siglo XX, inició un cambio que se ha extendido a nuestra cultura contemporánea y aunque haya muchas fuentes que lo originaron, está universalmente aceptado que fueron los impresionistas los que dieron paso a esta fuerza arrolladora.
Gradowczyk resume en el Capítulo I temas como «El Surgimiento de la Abstracción-Los Pioneros Artistas Escritores como Kandinsky, Kupka, Malevich, Mondrian», pero lo interesante de su abordaje es «el cruce de líneas» del título. Como bien lo señala en una de las presentaciónes Norberto Griffa, director del Departamento de Arte de la UNTREF, ese cruce se refiere a una red en la que pueden figurar Torres García y Mondrian, para así echar por tierra el cetro ocupado por Estados Unidos y Europa y la total ignorancia acerca de lo que sucedía en el Sur. Según Gradowczyk, hay sincronías y simultaneidades en los tiempos de la creación humana en diferentes contextos, que conforman una lectura rizomática de la abstracción que rompe con la realizada desde los centros hegemónicos.
En el apartado «Mirando a las Pinturas: Mondrian y Torres García», se refiere al uso que ambos hacen de la retícula. Entre otras consideraciones el autor destaca que en las obras del primero realizadas entre 1920 y 1932, las gruesas y perfectas líneas negras barnizadas han sido dibujadas con regla, mientras que Torres García, que comienza su investigación al mismo tiempo que Mondrian, hacia 1917, lo hace con movimientos rápidos y gestuales. El encuentro con el famoso grupo Cercle et Carré, en París, servirá de estímulo para el inicio del Constructivismo.
En el Capítulo II, el autor invita a un paseo por el «París de Entreguerras», «París y el Arte Abstracto», «La Escuela de Nueva York», descripciones minuciosas de la obra de artistas íconos como Barnett Newman, a su vez un gran teórico, o Jackson Pollock, para terminar con «El Informalismo en América del Sur», en el que se confirma, una vez más, que la abstracción latinoamericana comienza con la muestra de Juan del Prete en Buenos Aires. Es aquí donde se incluye a Esteban Lisa (España, 1895, Buenos Aires, 1983), un artista automarginado del mundo del arte y cuya primera exhibición se realizó en Palatina en 1997. Asimismo se ocupa de dos figuras significativas como Kenneth Kemble y Víctor Magariños D.
El Capítulo «A partir de la revista Arturo» -un único ejemplar publicado en 1944-convertido en ícono del primer movimiento abstracto en América Latina sobre el que mucho se ha escrito y al que no se puede omitir cuando se habla de la vanguardia en la Argentina, incluye la poética Madí, el desarrollo de las vanguardias abstractas en Brasil y Venezuela, sus diferencias con las de nuestro país. Cierra con el análisis comparativo de la obra del argentino César Paternosto, actualmente radicado en Madrid, y el norteamericano Jo Baer, otros como Jean Scully, Brice Marden, con abundante información sobre las técnicas de «wraparound» y «all over».
En «Arte Abstracto (Hoy)», último capítulodel libro se encuentran términos como posmoderno, canon, la modernidad, un proyecto inconcluso, tema de Habermas así como la nueva modernidad de Lyotard, la tan mentada globalización, el fin del arte aurático, la fragilidad y la resiliencia, las apropiaciones, parodias, intertextos, transversalidades, la hegemonía museística norteamericana, ecuaciones, estrategias, especulaciones, todos temas que preocupan a los que de una u otra manera estamos inmersos en el sistema del arte, pero que también alejan de él a los que con una mirada más ingenua se acercan para encontrar un cierto goce estético sin la casi excluyente apoyatura de textos que lo suplantan.
Este cuarto capítulo termina precisamente con «Arte Abstracto (Hoy): fragilidad y resiliencia», título de una exposición curada por el autor realizada en 2005 en el Centro Cultural de España (Buenos Aires), donde se exhibieron obras de 24 artistas argentinos de las dos últimas generaciones que utilizan la tecnología y la actividad manual con total libertad y que, según Gradowczyk, «están atravesados por la fragilidad, conviven con ella».
Este libro dedicado a la memoria de Patricio Lóizaga, implica una reflexión sobre el arte, resultado del frondoso pensamiento filosófico del autor, una vasta tarea de investigación que ha alentado a Edward Sullivan, como confiesa en otra de las presentaciones, a guiar a sus alumnos de la New York University a hacer un análisis más amplio y hemisférico de los fenómenos visuales y psicológicos de la abstracción.
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