No sólo por su
aspecto físico,
Kurt Vonnegut
fue comparado
muchas veces
con el pionero
de la literatura
norteamericana
Mark Twain.
«El bombardeo de Dresden no explica absolutamente nada porqué escribo lo que escribo, ni por qué soy lo que soy», escribió 15 años atrás, en su autobiografía, Kurt Vonnegut. Sin embargo, haber vivido y sobrevivido a ese ataque, que dejó 135.000 muertos, fue la mayor marca de su vida.
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El miércoles, a los 84 años, el gran novelista norteamericano murió en Nueva York. Vonnegut fumó durante toda su vida pero la muerte le sobrevino pocos días después de caer por una escalera, lo que le provocó lesiones cerebrales a las que no logró sobreponerse. Prisionero durante la Segunda Guerra Mundial tras ser capturado por los alemanes, Vonnegut relató en su obra maestra, «Matadero cinco» (« Slaughterhouse Five»), su experiencia en el bombardeo de Dresden. Nacido en Indianapolis, Indiana, en 1922, Vonnegut fue apresado en la batalla de las Ardenas, tras las líneas alemanas.
Confinado en una galería de Dresden que servía de matadero en la época del bombardeo aliado, fue uno de los pocos que sobrevivió entre un grupo de siete prisioneros estadounidenses.
Se inspiró en esta experiencia para escribir «Matadero 5», publicada en 1969 en plena guerra de Vietnam y que le valió un éxito inmediato y la adaptación al cine tres años más tarde(en versión del director de «Butch Cassidy», George Roy Hill.
Vonnegut dijo una vez que, de todas las formas de muerte, prefería las violentas: por ejemplo, un accidente aéreo en la cima del Kilimanjaro.
Bromeaba muchas veces sobre los obstáculos de la ancianidad: «Cuando Hemingway se suicidó puso punto final a su vida. La vejez, en cambio, es un espantoso punto y coma. Si yo no me suicido es para no darles un mal ejemplo a mis hijos», dijo una vez en un reportaje, en el cual tal vez el entrevistador tal vez no tuviera presente que la propia madre del escritor se había suicidado de joven, y que él mismo lo había intentado en 1980.
Vonnegut, maestro del sarcasmo y el humor negro, publicó una decena de novelas, en muchas denunciando las guerras y las dictaduras. Se destacan «Player piano» (1952), «The sirens of Titan» (1959), «Madre noche» (1961), «God bless you Mr. Rosewater» (1965), «Slapstick» (1977) y «Galápagos» (1985).
Tras la guerra, ejerció como periodista en Chicago, donde cubrió la sección de información general, antes de retomar sus estudios de antropología en la universidad. Su tesis «The Fluctuations Between Good and Evil in Simple Tales» («Las fluctuaciones entre el Bien y el Mal en los relatos sencillos») fue rechazada por unanimidad por el jurado. Por eso no pudo obtener su diploma hasta 1971, cuando la universidad aceptó su libro «Cat's Cradle» en sustitución de su trabajo anterior.
En 1947, llegó a Nueva York para dedicarse a escribir textos que publicó en varias revistas, al tiempo que desempeñaba pequeños trabajos para poder vivir. Su primera novela, «Player Piano» (1952), describe una sociedad dominada por las máquinas en la que prevalecen las divisiones entre clases.
En 1959, publicó «The Siren of Titans», otra novela de ciencia ficción que, bajo la sátira, habla de la «Iglesia de Dios, la indiferencia absoluta». Cuatro años más tarde, «Cat's Cradle», una obra autobiográfica en la que narra la historia de un escritor que trabaja en un libro sobre el bombardeo atómico de Hiroshima, fue recibida con entusiasmo por el público. Vonnegut continuó publicando regularmente hasta que, en 1969, «Matadero 5» alcanzó los primeros puestos en las listas de ventas. En 1997 publicó « Timequake», y su última novela fue «Dios lo bendiga, Sr. Kevorkian» (1999). En los últimos años de su vida colaboró con la revista de izquierda de Chicago «In these times». En 2003 se opuso a la invasión de Irak, diciendo: «Creo que nuestro país, del que he defendido su constitución en una guerra justa, podría ser invadido asimismo por marcianos o ladrones de cadáveres».
Figura-símbolo de la generación de los '60 y '70, Vonnegut fue también reconocido como mentor por generaciones posteriores que, además de por su estilo, su apariencia física le valió muchas veces la comparación con un pionero de la literatura norteamericana, Mark Twain.
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