Pierre-Olivier Gourinchas, economista jefe del Fondo, sostuvo que los países con bajos niveles de reservas enfrentan mayores riesgos financieros. El planteo cobra especial relevancia para economías emergentes como la Argentina, donde el fortalecimiento del frente externo sigue siendo uno de los principales desafíos.
En lo que va del año, el BCRA logró comprar en el mercado cambiario más de u$s3.000 millones.
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En un contexto global atravesado por tensiones derivadas de la guerra en Medio Oriente, el economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Pierre-Olivier Gourinchas, advirtió que los países emergentes deben reforzar su capacidad de respuesta frente a shocks externos mediante la acumulación de reservas internacionales.
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En un artículo publicado en el blog oficial del organismo, Gourinchas señaló que, si bien muchas economías emergentes lograron mejorar su resiliencia desde la crisis financiera global, el escenario internacional se volvió más complejo, incluso antes de la reciente escalada del conflicto en Medio Oriente.
“El nivel de reservas es una de las características que distingue a las economías más vulnerables a las crisis”, explicó el funcionario. Según indicó, los países con escasos activos líquidos quedan particularmente expuestos cuando se deteriora el acceso al financiamiento o los mercados se vuelven adversos.
Para ilustrarlo, el economista comparó la necesidad de reservas con el ahorro de los hogares: así como una familia necesita liquidez para enfrentar imprevistos, los países requieren activos que puedan utilizarse rápidamente para estabilizar su economía frente a shocks externos.
Un seguro frente a la volatilidad
Gourinchas subrayó que las reservas internacionales cumplen un rol central independientemente del régimen cambiario. Aunque los países con tipo de cambio fijo suelen necesitar mayores niveles para respaldar su moneda, incluso las economías con esquemas cambiarios más flexibles dependen de estos activos para contener movimientos bruscos del tipo de cambio y evitar costos macroeconómicos.
En las últimas décadas las reservas globales crecieron de manera significativa, aunque con una fuerte concentración. Mientras algunos países acumularon montos muy superiores a sus necesidades, muchas economías —especialmente de ingresos medios y bajos— todavía cuentan con niveles insuficientes para enfrentar crisis severas.
El debate también atraviesa a la Argentina
Si bien el análisis del economista del FMI no incluyó referencias directas a la Argentina, el tema de las reservas ocupa un lugar central en el diálogo técnico entre el organismo y el Gobierno.
De hecho, la segunda revisión del programa vigente aún no cuenta con un entendimiento técnico entre las partes, por lo que el proceso todavía deberá atravesar varias instancias antes de llegar al directorio del Fondo para su eventual aprobación.
En este marco, la dinámica de acumulación de reservas del Banco Central continúa siendo uno de los principales puntos de atención dentro del programa económico.
En lo que va del año, el BCRA logró comprar en el mercado cambiario más de u$s3.000 millones. Sin embargo, el nivel de reservas internacionales sigue siendo un indicador sensible para los analistas, en un contexto en el que el fortalecimiento del frente externo es considerado una condición clave para consolidar la estabilidad macroeconómica.
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Un proceso lento y sin atajos
En su análisis, Gourinchas remarcó que construir reservas es un proceso gradual que requiere consistencia macroeconómica y no admite soluciones rápidas.
“Los programas de estabilización exitosos muestran que no hay atajos: las reservas deben acumularse gradualmente a lo largo del tiempo”, sostuvo.
En general, explicó, el proceso suele comenzar con superávits fiscales y externos, mientras que los flujos de capital privado adquieren mayor relevancia en etapas más avanzadas. Por el contrario, los países que dependen excesivamente de capitales financieros volátiles suelen enfrentar dificultades cuando esos flujos se revierten.
El costo de tener reservas
El economista del FMI también advirtió que mantener reservas tiene un costo significativo, ya que los activos utilizados como reserva —generalmente instrumentos seguros y líquidos— ofrecen rendimientos inferiores a otras alternativas de inversión.
Ese costo de oportunidad puede desalentar la acumulación, especialmente en economías con necesidades fiscales o sociales urgentes. Por eso, Gourinchas planteó la necesidad de explorar mecanismos internacionales que permitan reducir el costo de construir estos “colchones” financieros.
Entre las alternativas mencionó ampliar el universo de activos elegibles para reservas o crear vehículos de inversión comunes que permitan a los bancos centrales mejorar el rendimiento de sus activos sin comprometer liquidez ni seguridad.
En definitiva, el economista del FMI concluyó que así como los gobiernos invierten en infraestructura, educación o salud, también deben invertir en estabilidad macroeconómica. Esto implica construir buffers financieros y sostener políticas económicas consistentes en el tiempo, especialmente en un escenario internacional cada vez más incierto.
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