Second Life tiene millones de adeptos en el mundo, atraídos por la posibilidad de vivir una vida paralela. Esto dio paso, por ejemplo, a la creación de un ejército de liberación.
San Francisco (AFP) - El Ejército de Liberación de Second Life (SLLA) no da su brazo a torcer para responder a los creadores de este sitio donde los internautas pueden soñar su vida: ahora recurren a las bombas atómicas virtuales.
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En estos últimos seis meses, varios almacenes de Second Life han sido destruidos por estas bombas -líneas de un código informático- puestas por el SLLA, «el ala militar de un movimiento de liberación nacional».
Su meta: instaurar la democracia y dar el poder a los cuatro millones de habitantes de Second Life que viven bajo el «yugo» de Linden Labs, creador de este mundo virtual.
«Linden Labs funciona como un gobierno autoritario, y la única respuesta adecuada es la lucha», señala el SLLA en su sitio de Internet.
«Cuando el SLLA haya logrado su objetivo, se disolverá y otorgará el poder al ala política del movimiento», proclama.
La orientación del grupo revolucionario es claramente capitalista. Su principal reivindicación es por los «derechos fundamentales de los residentes»: que Linden cotice en la Bolsa y le venda acciones a cada uno de ellos a un precio fijado por anticipado. Libertarios de espíritu, los fundadores de Second Life acogen con benevolencia las travesuras y la creatividad de sus miembros mientras eso no impida a los «avatares» (nombre genérico de los personajes virtuales) vivir la vida como ellos quieran.
«Hacemos el máximo para proteger la expresión creativa pero con algunos límites», declaró Catherine Smith, directora de Linden.
«Como último recurso, la violencia virtual a la cual se entregan algunos residentes deberá ser examinada caso por caso», añadió.
Las bombas atómicas de Second Life son menos devastadoras y su efecto menos perdurable que las reales. La explosión es simuladapor una enorme bola blanca que borra una parte de la pantalla y vaporiza los ' avatares' alrededor. Pero muy rápidamente todo vuelve a su orden, afirmó Linden.
Smith toma con serenidad la ola de atentados. «Pensamos que los recientes acontecimientos que están vinculados a las pretensiones del SLLA no son el fruto de malas intenciones», señaló.
Pero los estatutos de Second Life, que regulan la manera en que los «avatares» deben conducirse, permiten también castigar al SLLA cuando algunos residentes consideran que fue demasiado lejos.
En los estatutos no está prevista ninguna prisión de alta seguridad virtual, pero sí una prohibición temporaria para operar, según Smith.
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