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Ese comedor, Simón Bolívar, recibía 120 raciones de comida que le enviaba el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Se trata de uno de los tantos centros de reunión de desocupados que habitan el histórico barrio. Piloteado por el único detenido por los incidentes del viernes, Máximo Mejías, y el ex dirigente del grupo Quebracho y ex montonero Emilio Pérsico, ayer mantuvo sus puertas cerradas.
Ahora, la idea del Gobierno porteño es no enviar más las raciones a ese lugar, pero darles opción a los desocupados que comen allí de hacerlo en otros comedores del barrio, con la intención de desactivar el grupo, al que conocían como violento. Hace quince días, esa misma gente que se desbordó en público el viernes, se entrevistó con funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Social de la Capital Federal, que tiene a su cargo
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