El momento en el que era detenido, en enero de 2009.
La Justicia condenó a 25 años de prisión a un hombre acusado de ser un violador serial que actuaba en el barrio porteño de Recoleta y que fue encontrado culpable del ataque a una decena de mujeres.
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El Tribunal Oral Criminal 28 condenó a 25 años de prisión al sujeto, identificado como Ulises Velásquez, quien reconoció haber atacado a al menos diez mujeres, previo a ser detenido en el 2009.
A Velázquez no solo se lo encontró culpable del abuso sexual contra las diez mujeres, sino también por los delitos de "robo, robo en grado de tentativa y portación ilegal de armas de uso civil".
El juicio oral se realizó a puertas cerradas y los camaristas Carlos Mariano Chediek, Carlos Rengel Mirat y Luis Márquez dieron a conocer el veredicto luego de que el acusado confesara y reconociera los aberrantes hechos que le adjudicaron.
Entre enero y noviembre de 2008, el denominado "violador de Recoleta" actuó en diferentes hechos, todo bajo la misma modalidad, ya que atacaba a sus víctimas por sorpresa, cuando estas llegaban a sus casas.
También entre los delitos que se le imputaron a Velázquez figuró el de un robo a una joyería en Caballito, donde amenazando con un arma de fuego a una empleada la obligó a practicarle sexo oral.
El condenado, de 29 años, fue detenido en enero de 2009 en su casa del barrio porteño de Parque Patricios, y en una rueda de reconocimiento fue señalado como el abusador por al menos seis mujeres.
Los padres de Velázquez, con quienes vivía, desconocían que su hijo era uno de los hombres más buscados por la policía durante la época en que se cometieron los ataques a mujeres.
Velázquez, al hacerse cargo de los hechos que se le imputaban, evitó que las víctimas tuvieran que declarar en el juicio.
Durante la reconstrucción de todos los ataques que protagonizó, los investigadores pudieron determinar que Velázquez siempre usaba un arma de fuego y cuando sorprendía a las ocasionales víctimas les decía que era un vecino que había olvidado sus llaves, de modo de ganarse su confianza e ingresar al inmueble.
Una vez en el pasillo, en muchos casos esperando el ascensor, el agresor amenazaba a la víctima y la llevaba a una escalera para obligarla a que le practicara sexo oral o bien las penetraba anal o vaginalmente.
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