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17 de julio 2008 - 00:00

Debate seguido en las calles con cacerolazos

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En distintas esquinas del norte porteño y también del centro, se escuchaban anoche resonar cacerolas en adhesión al reclamo del campo, manifestaciones espontáneas en las que los vecinos de la Ciudad se sumaron a los integrantes de las delegaciones de los ruralistas que aguardaron el resultado de la votación de ayer en el Senado. En Olivos, donde los Kirchner también atendían a la sesión, se desplegó un operativo de seguridad que bloqueó el paso del tránsito en todas las arterias que rodean la quinta presidencial.

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La sonada se expandió al difundirse que el gobierno había conseguido los votos para sancionar la ley de retenciones en el Senado, aún horas antes de la votación definitiva.

En principio, la manifestación no congregó a más de 300 personas, pero con el correr de las horas se distribuyó por varias esquinas de la Ciudad, donde también se organizaron marchas y se cortaron calles, con fuerte custodia de policías. Al inicio complicó el tránsito entre las avenidas Figueroa Alcorta y Sarmiento, no solamente por la interrupción que provocaban los grupos, sino por las propias adhesiones de automovilistas que acompañaban con bocinazos y se detenían para agregar apoyo a esas manifestaciones. También las concentraciones se vieron en avenida Santa Fe, donde además, desde sus balcones, los vecinos acompañaron exhibiendo banderas argentinas y eran saludados con los bocinazos de los conductores.

Entre los manifestantes estuvieron los militantes de la Corriente Clasista Combativa (CCC), junto a los grupos de las entidades rurales que se concentraron poco después de las 20. La protesta, luego, fue desde la llamada carpa verde que instaló el sector del campo, en la Plaza del Congreso. La tienda de los ruralistas permanecía separada del campamento K por una hilera de policías que impedía el cruce entre uno y otro sector, allí.

«El campo no se va, el campo no se va», repetían los cánticos, mientras los dirigentes de las entidades agropecuarias y gran cantidad de productores, seguían por pantalla gigante los discursos de los senadores. La protesta, además, se repicaba en el interior del país.

En la Ciudad de Buenos Aires, la avenida Santa Fe, en su recorrido desde Pueyrredón hacia Plaza Italia, la gente ocupó veredas y calles, cerca del Monumento de los Españoles, donde permanecían miles de adherentes junto a los dirigentes ruralistas, siguiendo el debate por TV.

En Callao y Santa Fe, se cortó el paso al tránsito ante la presencia de los manifestantes, rodeados por los agentes de la Federal y en la 9 de Julio comenzaba una concentración con pancartas y banderas que se encaminaba hacia la zona del Congreso, donde otro sector del campo permanecía en tensa convivencia con el kirchnerismo.

En el recorrido de la avenida Santa Fe, en casi todas las esquinas se armaron grupos de manifestantes, al estilo de aquel cacerolazo de 2001, aunque en esta ocasión no se difundió por todos los barrios del distrito porteño.

La movida -que captó atención y participación de los comensales de restoranes de la zona-se extendía, a medida que avanzaba la cuenta regresiva de los discursos de los legisladores en el Senado que iba definiendo la votación y tras las declaraciones de los dirigentes del campo de que coninuarían con la protesta ante una votación a favor del gobierno «aunque sin cortes de ruta».

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