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El relato en forma de «blog» (adayiraq.com) lo firma un soldado, de nombre Michael, y ha pasado por la censura previa del Pentágono, que decidió espiar a sus propios hombres para que no se vayan de la lengua en Internet.
En noviembre, y tras la avalancha de militares ávidos por contar en primerísima persona sus experiencias en Irak, el Pentágono hizo circular una advertencia:
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