Bajo la exuberante vegetación y las playas de arena fina tan apreciadas por los turistas, la península mexicana de Yucatán esconde una maraña ríos subterráneos que se abren paso a través de la roca caliza, incluidos los tres más largos hallados hasta la fecha en el mundo.
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El de mayor longitud, denominado Sistema Sac Actún, con más de 155 km que corren a aproximadamente 70 metros de profundidad, acaba de ser descubierto tras tres años por el buzo inglés Steve Bogaerts y el alemán Robbie Schmittner, del Centro Investigador del Sistema Acuífero de Quintana Roo (este).
Su entrada se sitúa entre las ruinas arqueológicas mayas de Tulum, situadas sobre un acantilado en el mar Caribe, y las de Cobá, península adentro, ambas en el estado de Quintana Roo, y desemboca en la turística Riviera Maya.
Las autoridades estatales vieron este descubrimiento como un nuevo foco de atracción para un tipo de turismo diferente al que abarrota sus playas de la Riviera y de Cancún, "más identificado con la investigación y comprometido con su preservación", en palabras del director de turismo de la zona, Lenin Amaro Betancourt.
"La red de ríos subterráneos generó que la zona que está ubicada entre la caleta Xel-Há y la reserva de la biosfera de Sian Ka'an, sea sitio atractivo para los buzos interesados en espeleobuceo, así como de los amantes de la naturaleza", se congratula el director del Centro Investigador del Sistema Acuífero quintanaroense, Samuel Meacham.
El peculiar sistema hidrológico de la Península de Yucatán, que carece de ríos en su superficie, ofrece diversos atractivos, como los cenotes y los cementerios prehispánicos.
Los cenotes son puntos donde los ríos emergen a tierra a través de cavidades naturales, formando pequeñas lagunas en medio de la vegetación.
Algunos se encuentran en las ruinas de ciudades mayas tan célebres como Chichén Itzá, en el estado de Yucatán, y eran considerados sagrados por los mayas, que depositaban en ellos ofrendas.
El Sistema Sac Actún, por ejemplo, cuenta con 111 de ellos. En el Ox Bel Ha (documentado el año pasado), el segundo río subterráneo más grande de la península y, por tanto, del mundo, con 146 km, se tienen registrados 99 cenotes.
Y son sólo una parte. "Tan solo en el subsuelo de Playa del Carmen (otros de los focos turísticos de la zona) se tiene un registro aproximado de 600 cenotes, (pero) todos los días se está registrando el hallazgo de nuevos", asegura Meachem.
Además, en 22 de ellos se han encontrado unas bonitas sorpresas para antropólogos y arqueólogos: enterramientos con restos óseos de hasta 10.000 años, los más antiguos del continente americano, según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
"En un periodo muy anterior a los mayas (cuya cultura se inició aproximadamente en el año 1000 antes de Cristo) las cuevas sirvieron como refugio para algunos pobladores cuya ascendencia aún se discute", sostiene la arqueóloga Carmen Rojas, directora de las investigaciones sobre cenotes del INAH.
"Más tarde, entre el 800 y el 1521 después de Cristo las mismas cuevas, ya cubiertas por el agua, fueron utilizadas para depositar cuerpos en ritos mortuorios", los denominados cementerios mayas, agrega.
En cenotes de los estados de Yucatán y Quintana Roo se encontraron cámaras mortuorias bajo el agua, con más de 100 esqueletos en total y otros restos arqueológicos (vasijas y restos de cantera, algunos del 500 antes de Cristo).
Cuatro de los esqueletos encontrados en las inmediaciones de Tulu, el último de ellos en septiembre de 2006, tienen más de 10.000 años de antigüedad, pertencientes al periodo de finales del pleistoceno.
Por todo ello, las autoridades quieren que el área donde se encontraron los tres mayores ríos subterráneos sea declarada patrimonio de la humanidad. "Así el sistema hidrológico quedaría protegido", afirma Betancourt.
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