La televisión e Internet evitaron las imágenes de alto impacto, y la información fue cuidadosamente suministrada en medios de todo el mundo.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Al menos dos razones explican la cobertura distante de los atentados en Londres. Primero, la polémica norma que rige desde junio en los canales ingleses por la cual se abolió el «vivo» y se transmite con unos segundos de retraso. Segundo, mayor atención a la comunicación de informaciones de este tenor tras el mea culpa del diario «El País», cuando había adjudicado los atentados de Atocha a ETA, repitiendo el discurso inicial del entonces presidente del gobierno, José María Aznar.
Esta vez, con un veloz operativo diseñado aislar las cámaras, sólo se ofrecía un catálogode imágenes de los ómnibus, el congestionamiento del tráfico, rescatistas, camillas y sillas de ruedas, pero vacías, varios sobrevivientes ilesos y no mucho más. Las imágenes más fuertes fueron la del hombre con la cara lastimada ofreciendo su testimonio o la persona que ocultaba su rostro quemado tras vendas blancas.
En este último, hubo algunos furcios, como la insistencia del especialista Andrés Repetto en que «el atentado no es de gran envergadura, es menor de lo que se esperaba», mientras su interlocutor repetía como en diálogo de sordos: «Se trata de una atrocidad y de una barbarie nunca vistas».
Nunca un programa de TV había estado desactualizado antes de ser emitido, pero es lo que ocurrirá con el documental que programó CNN Internacional para este domingo: «Ganando la guerra contra el terrorismo».
Dejá tu comentario