«¿Qué pasa, muchachos? ¿Por qué vinieron? Acá está todo tranquilo...», dijo el hombre vestido de traje al recibir a la Policía en la puerta de la casa. Los agentes lo tenían en la mira y le ordenaron que se acercara a ellos. Pero en ese momento, el asaltante sacó un arma y comenzó a disparar. Así se desató el feroz tiroteo ocurrido en la localidad de Martínez, partido de San Isidro, el miércoles por la noche, en el que cayeron muertos tres ladrones, y el dueño de un chalé que fue robado, Ernesto Mata, de 50 años, que falleció ayer a la mañana en el Hospital de San Isidro.
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La víctima había sido internada con un disparo en la cabeza que recibió cuando cinco asaltantes que habían entrado a robar en su casa intentaban escapar de la Policía. El hecho comenzó cerca de las 21.30, en la calle Libertad al 700 de esa localidad.
Mata volvía de trabajar en su camioneta y fue sorprendido por cinco hombres que lo obligaron a meterse con ellos en el chalé. Allí estaban su mujer y sus hijos -un joven de 20 años y una chica de 16-. La adolescente logró esconderse en la planta alta y habría sido ella quien llamó al 911.
Rehenes
Poco después, los ladrones advirtieron que en la puerta había un patrullero, uno de ellos salió a responder y quiso hacerse pasar por el dueño del lugar. Pero luego, la banda tomó como rehenes a Mata y a su hija para intentar huir. Cuando llegaron a la esquina de la cuadra, la banda fue sorprendida por otros dos patrulleros.
La balacera fue intensa: en pocos minutos se hicieron más de 50 tiros. En medio del enfrentamiento y los gritos, la chica logró liberarse y corrió hacia un policía que la hizo ingresar dentro de un patrullero. Los ladrones le tiraron a matar. Ella se salvó, pero su padre cayó de un tiro en la cabeza. Tres de los asaltantes también murieron baleados y otros dos lograron fugarse por el fondo de la casa.
Dos de las cinco pistolas secuestradas en el lugar -la quinta fue hallada en un jardín vecinohabían sido robadas a la Policía Federal y al Ejército, según fuentes del caso.
El fiscal Ariel Apolo informó ayer, que la autopsia realizada al cadáver de Mata, dio como resultado que la bala que lo mató fue una 9 milímetros, aunque no se pudo determinar si salió de un arma policial o de los delincuentes.
Los hombres que murieron llevaban tres pistolas calibre 9 milímetros y una calibre 45, varios cargadores vacíos y un handy. Una de las 9 milímetros marca Bersa tenía su numeración intacta y, según se informó, fue robada a un agente de la Comisaría 36ª, el 23 de mayo pasado.
El presunto cabecilla de la banda llevaba con él la 45 que tenía un escudo del Ejército. Ese asaltante sería el que mató a Mata, según el testimonio de la Policía. El fiscal que investiga el hecho, Ariel Apolo, habría recibido también la declaración del hijo de la víctima y testigo de la presunta ejecución. De todas maneras, recién después de la autopsia que se realizará en la Morgue Judicial de Lomas de Zamora podrá determinarse el calibre de la bala que mató al empresario.
El hombre de traje que había recibido a la Policía salió de la casa a los balazos y protegiéndose con la hija de Mata como escudo. Intentó subirse a un Peugeot 405 para fugarse, pero en ese momento la chica se soltó. El asaltante cayó acribillado con un mechón de pelo rubio entre los dedos de una mano. Además, en sus bolsillos se hallaron varios cargadores, algunos llenos y otros vacíos.
Uno de los otros ladrones muertos también vestía traje, y ambos tenían tatuajes « tumberos» (que identifican a quienes pasaron por la cárcel). La Policía sospecha que se trató de una banda profesional de la zona de Fuerte Apache y creen que el asalto no fue «al voleo». Hace cuatro meses, Mata había logrado salvarse de un intento de secuestro.
En tanto, Juan Carlos Blumberg dijo en referencia al terrible ataque contra un comerciante en Martínez que «es lamentable lo que estamos viviendo todos los días. Los delincuentes entran por una puerta y salen por otra. Tenemos en el Congreso las leyes de minoridad durmiendo. Si no tenemos una Policía acorde, estas cosas siguen pasando. A veces hablo con comisarios, de los que no quiero dar los nombres porque si no los sacan, y me dicen que no tienen patrulleros. Necesitamos una Policía profesionalizada».
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