La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) analizó en Panamá, entre otros temas, la situación de la libertad de prensa hoy en la Argentina en su reunión anual. Dice que «tienerestricciones», como efectivamente sucede, y ubica en su justo término el problema al señalar que hay una «formadiscriminatoria en que el gobierno limita el acceso a la información». Es cierto porque oficialmente no brindan los funcionarios -ni el Presidente- conferencias de prensa periódicas que permitirían ante cada afirmación hacer las repreguntas que esclarecerían mejor la información que se le brinda al público. Usa el método de informar a determinados hombres de prensa, a cambio de complicidad, o lo hace a medios decididamente solventados desde el Estado, como el diario «Página/12», o saturado de favores legales y monetarios como el monopolio «Clarín».
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También ayuda a que exista «restricción en la Argentina a la libertad de prensa», algo que el vocero de la SIP en Panamá llamó «actitudes intolerantes de Néstor Kirchner». Las refirió a gruesos errores en declaraciones públicas que cometió el Presidente durante la visita de una delegación de la SIP a Buenos Aires, la semana pasada. Por caso, haberle reprochado que ese organismo de custodia de la libertad de prensa en América no haya protestado durante el Proceso militar cuando, al contrario, envió delegaciones, tuvo una valiente actitud contra militares del Proceso y defendió los derechos humanos. A tal extremo lo hizo que hoy quienes formulan denuncias a los delegados de la SIP sobre restricciones a la prensa en la Argentina, que se darían ahora, curiosamente se opusieron en 1978 a otra delegación de la SIP que vino al país y defendieron a la dictadura militar, cuando no había ninguna posibilidad de libertad de prensa. Habría que preguntarse qué derecho tienen ahora a hablar.
Los diálogos previos al informe de la SIP ahora en Panamá no mencionaron esa vergonzosa dualidad, pero fue absolutamente real. La principal prensa argentina de los '70 atacó a Jacobo Timerman, fundador del diario «La Opinión», después de haber sido sometido a torturas y prisión como ninguno de los editores argentinos que hoy se quejan y antes apoyaban a los militares, aunque sea cierto que Kirchner agrede gratuitamente a prensa y a periodistas que no le agradan. Pero verbalmente. Es diferente.
• Compromiso
Lo restante de la SIP es más compromiso con medios locales, buenos clientes en aportes y becas, a decir verdad. La discriminación en prensa hoy estaría referida sólo a la revista «Noticias», sobre la cual nunca se aclaró si no extorsionó y motivó esa reacción, porque tiene antecedentes de periodismo venal.
Que el presidente de la Nación prefiera informar directamente al público más que vía el periodismo en la forma tradicional puede no gustarle a la prensa pero no es eso atentatorio de la libertad mientras no la restrinja. Franklin Roosevelt en los años '40, por ejemplo, como presidente de los Estados Unidos, realizó sus principales anuncios de gobierno por un programa nocturno de radio donde hablaba directamente al aire con la población. Pero no se negaba a conferencias de prensa ni sancionaba a un ministro que hablara con periodistas. El demagogo Hugo Chávez, en Venezuela, prefiere también hoy el mensaje por radio pero no es un demócrata como Roosevelt y atenta permanentemente contra la prensa. Kirchner prefiere expresarse en tribunas durante miniactos. Eso sólo no puede ser reprochado.
Comparar a Fidel Castro con Hugo Chávez en temas de prensa es una exageración, al menos hasta hoy porque en Cuba no hay ninguna posibilidad de libertad de expresión. Pero ubicar a Castro con Chávez y los dos junto con Kirchner es una gran torpeza aún mayor del secretario de libertad de prensa de la SIP, Gonzalo Zorraquín.
• Dos informes
Habrá -algo no común en la SIP- dos informes en la reunión de este año sobre libertad de prensa en la Argentina (sólo hay siempre uno por país). Sería de desear que uno de los dos se refiera a los diarios socios del Estado en la producción de papel en detrimento de los medios restantes. Que hable de los que fueron beneficiados por leyes especiales para salvarlos de la bancarrota y que ahora se quejan porque va un mínimo de dinero de la publicidad oficial a los otros que no son «tan grandes», simplemente porque no tuvieron la actitud delictiva de sacarles fondos a bancos públicos, extraer leyes con nombre y apellido para ellos en el Congreso y no tuvieron, como esos « grandes» -no ciertamente en credibilidad- actitudes cómplices con las dictaduras y los asesinatos de los regímenes militares.
¿Se atreverá a tal audacia la SIP, a condenar al gobierno en uno de sus dos informes por restringir a la prensa pero también en el segundo a los monopolios que atentan mucho más que el gobierno contra la libertad de expresión y el derecho del público a recibir «información desde fuente diversificada», algo que con sus actitudes y prebendas impiden «Clarín» y «La Nación»? Dudemos de que vaya a ser así.
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