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Sin pronunciar palabra, pero agitando con firmeza una rama de olivo que luego dejó a un lado, el anciano Pontífice, de 84 años, saludó e impartió la bendición ante cerca de 50.000 congregados, que lo recibieron con aplausos y vítores entusiastas.
Su aparición fue breve y, poco antes de que se cerraran las cortinas, el Pontífice golpeó con la mano el atril donde normalmente se apoyan los textos que lee, gesto que algunos interpretaron como de fastidio por el sol que lo deslumbraba y otros achacaron a su malestar al no poder responder a los fieles que lo aclamaban.
Aunque no estuvo físicamente presente en la tradicional misa del Domingo de Ramos, Juan Pablo II siguió la celebración por televisión, según indicó el sustituto de la Secretaría de Estado, el arzobispo argentino Leonardo Sandri.
En nombre del Pontífice, Sandri leyó un texto tras la misa y el rezo del Angelus, en el que instó a los jóvenes a ser "testimonio de la Cruz de Cristo" en todo el mundo.
El Papa Wojtyla destacó en su mensaje que, de forma "providencial y profética", el Domingo de Ramos se celebra de modo paralelo a la jornada de la juventud a nivel diocesano, una festividad "que contiene un don especial, el de la alegría unida a la cruz".
También recordó que el próximo agosto se celebra la Jornada Mundial de la Juventud en la ciudad de Colonia (Alemania), en cuya catedral se veneran las reliquias de los Reyes Magos, que por eso -indicó- se convierten en cierto modo en los guías de esta cita.
"Las palabras 'hemos venido para adorarlo', tan ricas en significado, constituyen el tema de vuestro itinerario espiritual y catequístico", señaló el Papa, cuya presencia en Colonia para esa festividad no se ha descartado.
La bendición y el mensaje del Obispo de Roma, que el próximo mayo cumplirá 85 años, tuvieron lugar cuando se cumple una semana de su regreso al Vaticano tras ser dado de alta del Policlínico Gemelli de Roma, donde ingresó el 24 de febrero por una crisis respiratoria aguda que obligó a practicarle una traqueotomía.
Ello, unido a la enfermedad de Parkinson que padece, ha llevado a los médicos a recomendarle reposo durante su convalecencia, por lo que está previsto que los principales ritos de la Semana Santa sean oficiados por distintos cardenales.
La multitudinaria misa de hoy, celebrada en un día claro y soleado en la Plaza de San Pedro, estuvo presidida por el cardenal vicario de Roma, Camillo Ruini, que se refirió a Juan Pablo II y destacó "la energía proveniente de la cruz, que hoy trasluce con especial claridad en el rostro fatigado del Santo Padre".
También estuvo dedicada al anciano Pontífice la primera plegaria de los fieles, en la que se pidió que "su testimonio de fe a Cristo sea para todos los jóvenes del mundo un ejemplo y modelo de amor supremo".
Antes de la celebración tuvo lugar la tradicional procesión de sacerdotes, obispos y cardenales hasta el obelisco central de la Plaza de San Pedro, desde donde las palmas y los ramos de olivo de los fieles fueron bendecidos por el cardenal Ruini.
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