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El secuestro de Ramaro no sería el único pendiente de resolución: en la provincia de Buenos Aires hay -al menos- 17 secuestros que no han sido denunciado por temor de los familiares. Ni siquiera ha intervenido la Policía o los fiscales.
Es cierto que no tiene la misma intensidad que en años anteriores, pero preocupa que las víctimas hayan optado por silenciar estos casos.
La ola de secuestros -tanto express como extorsivos- ha tenido un fenomenal crecimiento en los dos últimos años. Sólo entre enero de 2002 y 2003 se produjeron 290 casos, es decir, en promedio uno cada 36 horas.
Pero fue el secuestro y crimen de Axel Blumberg el que disparó el reclamo popular y forzó al gobierno nacional a apurar la sanción de un paquete de leyes, algunas de las cuales todavía están sin tratar en el Congreso.
• Sobre Ramaro se tejían ayer varias hipótesis. Y no se descarta que la fractura de la banda haya ocurrido cuando una parte de la organización -la mano de obra encargada de concretar el secuestro- cobró el rescate y no lo compartió con quienes son responsables de cuidar a Cristian durante su cautiverio.
• Un investigador confirmó que, el sábado, la familia de Cristian recibió una grabación donde se escucha su voz leyendo los titulares del caso en los diarios. Por eso temen que la parte de la banda que no cobró rescate por la vida de Cristian, haya decidido seguir adelante con el secuestro e incluso haga otro pedido de dinero para soltar a la víctima con vida.
• Cristian pasaba ayer su sexto día de cautiverio y el segundo desde que su familia entregó un rescate, y los investigadores que actúan de oficio están desconcertados por la demora en la liberación, aunque ahora estiman que una fractura en la banda puede explicar por qué la víctima sigue capturada.
• Respecto del pago del rescate, se supo que fue «de auto a auto» en los monoblocks del barrio porteño de Villa Lugano, en el sur de la Capital. Se trata del primer caso de un secuestro extorsivo de varios días y cometido en la provincia de Buenos Aires, en el que los secuestradores se arriesgan a cobrar el rescate en la Capital Federal.
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