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23 de enero 2007 - 00:00

Racismo: clase de DAIA a árbitros

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Por una vez en las instalaciones del predio que tiene la AFA en Ezeiza no se habló de cómo encarar la tarea de ganarle a Alemania o de quién deberá ser el enganche de la Selección. El tema ayer en el sitio que se usa como concentración de los equipos nacionales fue el antisemitismo y la discriminación.

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Es que, a pesar de que la DAIA aceptó las disculpas que en su momento ofreció Julio Grondona por haber dicho que «los judíos no son referís porque no les gusta trabajar», la entidad judía tenía pendiente la tarea de hablar con los árbitros. Sucede que son ellos quienes deben -por reglamento- suspender los partidos en los que alguna de las hinchadas profiera consignas racistas.

Los oradores fueron Claudio Avruj, director ejecutivo de la DAIA, y el letrado de la entidad Miguel Zechin. La audiencia estuvo conformada por más de medio centenar de jueces, entre los que se contaron el director de la Escuela de Arbitros Abel Gnecco, su segundo Miguel Scime y los internacionales Héctor Baldassi, Daniel Giménez, Juan Pablo Pompei, Gabriel Brazenas y Ernesto Taibi, recientemente retirado.

Muchos de los participantes admitieron no conocer demasiado de la tradición judía y de la historia de esa comunidad en el país, pero Giménez -uno de los más elocuentes en la jornada de ayer- aseguró que «yo los comprendo perfectamente porque también me siento discriminado: las cosas que nos dicen desde las tribunas son espantosas; por lo menos los judíos tienen a la DAIA que saca la cara por ustedes...».

  • Diversos casos

  • Los dirigentes de la entidad judía exhibieron un power point con una treintena de casos ocurridos en diversas canchas argentinas, como las dos banderas con cruces esvásticas exhibidas por la hinchada de Talleres, otra de la hinchada de Chacarita que rezaba «De la cuna al cajón haciendo jabón», la hinchada de All Boys gritando -toda la tribuna, no apenas un grupo-« Judíos hijos de puta» y la parcialidad de Defensores de Belgrano arrojando jabones, en todos los casos en partidos contra Atlanta, que por su ubicación geográfica -Villa Crespoes asociado con la comunidad judía.

    «En todos estos casos debería haberse suspendido el encuentro, pero por diversas razones en muchos no se hizo», dijo Zechin. Otra vez fue Giménez quien tomó la palabra, al proponer que «haya un veedor que se encargue de esos temas y nos avise; muchas veces los árbitros estamos lejos de las banderas y no las vemos, o no escuchamos lo que se canta en las tribunas, y además estamos muy pendientes de otras cuestiones que pasan en el campo de juego como para atender eso también». La cuestión quedó en estudio.

    También, como para admitir que el racismo no es patrimonio exclusivo de la Argentina (ni mucho menos) ni se limita al odio antijudío, la DAIA exhibió el «caso Samuel Eto'o», el jugador camerunés que viene sufriendo durísimos ataques racistas de diversas hinchadas españolas.

    El encuentro terminó con un frugal almuerzo cargado de hidratos de carbono (la dieta de los deportistas); allí Gnecco aprovechó para cerrar con un recuerdo personal: «Cuando me tocó dirigir en España, me cansé de escuchar que me gritaran ' sudaca'. Esto, señores, es una muestra más de que la discriminación está ahí, y más tarde o más temprano nos alcanza a todos».

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