21 de julio 2004 - 00:00
Reino Unido permite crear "bebés de diseño" para curar a hermanos
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Uno de los promotores del cambio de la norma es el doctor Mohamed Taranissi, director del Centro de reproducción ginecológica asistida de Londres, que quiere ayudar al niño norirlandés de dos años Joshua Fletcher, que padece un mal mortal de la sangre.
El pequeño sufre, concretamente, anemia de Diamond-Blackfan, una enfermedad que podría tratarse usando células madre que estimularan a su cuerpo para producir glóbulos rojos sanos.
Pero ni los padres del niño, Joe y Julie, ni su hermano de cinco años, Adam, tienen las características apropiadas para ser donantes de esas células.
Por eso el doctor es partidario de obtenerlas de un "bebé de diseño".
La idea sería producir doce embriones con un tratamiento de reproducción asistida y elegir el que tenga los genes adecuados para implantarlo en el útero de la madre.
"Ya seleccionamos embriones para problemas genéticos graves, no veo cuál es la diferencia -dijo Taranissi-.
Lo que intentamos hacer ahora es encontrar un embrión que sea compatible con un niño gravemente enfermo".
El doctor Simon Fischel, un experto en fertilidad del centro Care in the Park de Nottingham (norte de Inglaterra), opinó que "siempre que no haya peligro para el nonato, es éticamente injustificable no permitir que se lleve a cabo un tratamiento de este tipo".
La selección de embriones se haría de la siguiente manera: cuando se constatara que no hay donantes vivos compatibles con el enfermo, los padres podrían elegir un embrión a través de la técnica llamada diagnosis genética de preimplantación (PGD) y la aplicación de un tratamiento de fertilidad, con el objetivo de producir un embrión que esté sano y que además contenga el material genético adecuado para donarlo al niño enfermo.
Después ese embrión se implantaría en la madre y cuando el bebé naciera se usarían sus células madre para curar al hermano.
Para saber cuál es el embrión adecuado se extrae una célula unos tres días después de la fertilización y se examina, o se analiza el tejido del embrión.
En general, esta práctica se acepta para descartar, por ejemplo, que el embrión transporte una enfermedad genética, como la distrofia muscular; pero la polémica surge cuando se quiere producir otro bebé para curar a un ser humano enfermo.




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