Horas de angustia vivían ayer los familiares de quienes permanecen todavía secuestrados por delincuentes en distintos puntos del país. La madre de Nicolás Garnil hizo un llamado desesperado, a través de una carta abierta, para que los captores le devuelvan a su hijo. Mientras tanto, los investigadores del secuestro de Fernanda Aguirre realizaban allanamientos en la capital de Santa Fe, la mayoría en prostíbulos, ante la posibilidad de que la chica de 13 años, desaparecida hace once días en Entre Ríos, haya sido llevada por la fuerza para ejercer la prostitución. También se supo que detuvieron a tres sospechosos en la Capital Federal por el secuestro del correntino Cristian Schaerer. El clima es de tanta tensión que un diplomático de la Embajada de Colombia se animó a asegurar que la Argentina va camino a que ocurra lo mismo que en su país en materia de secuestros extorsivos. Y lo que faltaba, después de que pidieran rescate por un caballo semanas atrás, se supo que en Tigre ahora también secuestran perros.
La familia ya dirigió, con la de ayer, dos cartas en las que les habló a los secuestradores. En la anterior,
El dramático pedido de liberación ocurrió apenas horas después de que un allegado al caso revelara que la familia teme por la vida del chico. Además, la angustia crece en la familia porque las comunicaciones con los secuestradores están interrumpidas.
El estudiante secundario fue atrapado por los delincuentes cuando se dirigía a misa con su madre, la tarde del domingo 25 de julio pasado. Los secuestradores les cortaron el paso en dos autos y, tras amenazarlos con armas largas, en la esquina de José Ingenieros y Esnaola, de Beccar, se llevaron al joven cautivo.
Desde entonces se llevan adelante lentas y continuas negociaciones entre los malvivientes, que exigieron inicialmente un importante rescate en dólares, y los familiares, que están realizando esfuerzos desesperados para reunir el dinero.
Los delincuentes ya entregaron a los Garnil una prueba de vida que consistió en un dato sobre la familia, muy personal, que sólo Nicolás podía conocer.
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