La Gendarmería anunció ayer que reanudaron las tareas de vigilancia en Villa La Cava, luego de que el intendente de San Isidro, Abel Posse, declaración del «estado de emergencia» en ese partido.
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Tras cuatro años de custodiar la villa la retirada del personal de Gendarmería del asentamiento había conmocionado a los vecinos de la zona y obligó a Posse recurrir a la Justicia, y a declarar el «estado de emergencia». En los últimos meses se registró un aumento de los hechos delictivos, al que se le sumó el martes pasado, el asesinato del ingeniero Ricardo Barrenechea, en Martínez, una de las zonas más residenciales del municipio.
En ese marco, Arturo Abella, un vecino del barrio de La Horqueta decidió tomar parte activa en la prevención del delito, como miembro del Foro de Seguridad de San Isidro, una ONG que nuclea, en las distintas comisarías, a vecinos de los diferentes barrios del municipio. «Se organizó una serie de patrullajes para reforzar la seguridad», explicó Abella.
Por otra parte expresó el nivel de preocupación de los vecinos por el aumento de la inseguridad e indicó que los crímenes registrados el martes pasado coincidieron con el relevamiento del último de los puestos de Gendarmería que custodiaban el asentamiento La Cava. No obstante, Abella reconoce que el de San Isidro es sólo ejemplo del nivel de inseguridad que afecta a todo el Gran Buenos Aires (GBA).
Fuentes especializadas en seguridad indicaron que la declaración del «estado de emergencia», no responde solamente a la cantidad de hechos registrados sino al tipo de víctimas y las zonas involucradas: «Un homicidio en la Comisaría de Boulogne no tiene la misma repercusión que uno en barrancas de Martínez o Las Lomas». Esto se debe a que «las víctimas de zonas residenciales al tener un alto nivel adquisitivo, repercuten más». Eso explica que de los cinco hechos graves registrados ese mismo día en el partido de San Isidro, sólo 2 se hayan notificado.
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Respecto del rol que tiene Gendarmería de custodiar la Villa La Cava, la misma fuente asegura que esos son «operativos imagen» que buscan aumentar la sensación de seguridad en la gente. «En los años que Gendarmería estuvo en La Cava, la cantidad de delitos fue la misma, lo que cambió fue la sensación de la gente», aseguró.
La fuerza policial de provincia se encuentra prácticamente colapsada por la falta de personal efectivo, capacitación e insumos. En el distrito donde fue asesinado Barrenechea, perteneciente a la Comisaría 4ª de Martínez, hay 24 oficiales de policía, de los cuales solamente 12 están disponibles para patrullar las calles. Eso obliga a que los efectivos a cumplir con desgastantes jornadas laborales, a lo que se le suman las horas extras, tanto arriba del patrullero como en sucursales de bancos de la zona, que deben hacer para incrementar sus escasos salarios.
«La Policía no puede funcionar bien si viene de 24 horas de estar trabajando, porque el agotamiento le impide estar alerta», explicó la fuente.
Por otra parte, la estrategia que se implementa para custodiar las zonas es ineficiente. «La función de un móvil es dar vueltas, patrullar las distintas zonas. Pero un delincuente conoce los movimientos y tiene mayor libertad de acción», dijo. Y añadió que «los bancos y estaciones de servicios son comercios donde se roba en un minuto».
Por otra parte, el especialista en seguridad afirma que la prevención de la criminalidad no es un problema de cantidad sino de calidad. «Más policías nunca significó mayor seguridad. poner un policía en cada esquina no va a servir», y agregó que «lo que hace falta es una solución conjunta: capacitando al personal que ingresa a la Policía, incentivando a los efectivos que cumplen con su trabajo, poniendo los medios adecuados para que puedan trabajar, y sobre todo estrechar los lazos con la comunidad», concluyó.
Queda abierto el debate de cómo mejorar la seguridad del conurbano, algo que seguramente deberá incluir mejoras en las instituciones y tal vez una revisión de la manera que se aplican las leyes penales en la Argentina.
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