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Advierte la Corte, otra vez, por desmesura presidencial
Un clásico argentino es que los jueces busquen, una vez en el cargo, distancia de los políticos que los promovieron. Lo saben todos los ex presidentes, víctimas recurrentes de la ilusión de que una Justicia propia les aseguraría un retiro tranquilo. Comienza el kirchnerismo a beber esa ponzoña cuando ve que el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, insiste en reclamarle a Néstor Kirchner moderación en el trato con el Poder Judicial. Los magistrados del supremo tribunal se habrán visto en los zapatos de los jueces de la Cámara de Casación Penal de la Nación, insultados desde la tribuna por Kirchner por demorar expedientes en los que no pueden actuar porque están recusados. Lorenzetti ayer por radio, y antes en un congreso de jueces, volvió a señalar al Poder Ejecutivo por sus avances y mostró los primeros gestos de quien quiere, como antes Julio Nazareno, convertirse en el jefe de la Justicia y en vocero de la corporación ante los políticos. Un clásico argentino es que los jueces busquen, una vez en el cargo, distancia de los políticos que los promovieron. Lo saben todos los ex presidentes, víctimas recurrentes de la ilusión de que una Justicia propia les aseguraría un retiro tranquilo. Comienza el kirchnerismo a beber esa ponzoña cuando ve que el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, insiste en reclamarle a Néstor Kirchner moderación en el trato con el Poder Judicial. Los magistrados del supremo tribunal se habrán visto en los zapatos de los jueces de la Cámara de Casación Penal de la Nación, insultados desde la tribuna por Kirchner por demorar expedientes en los que no pueden actuar porque están recusados. Lorenzetti ayer por radio, y antes en un congreso de jueces, volvió a señalar al Poder Ejecutivo por sus avances y mostró los primeros gestos de quien quiere, como antes Julio Nazareno, convertirse en el jefe de la Justicia y en vocero de la corporación ante los políticos.
Alfredo Bisordi
Los jueces comunes, los que no lo conocían, veían en Lorenzetti a un hombre que no conocía el Poder Judicial y que estaba influido por el gremio abogadil. Tenían de él una versión de derecho acotado. Pero ahora quienes cuestionaronsu aparición reconocen que el juez de tribunal supremo tiene aspiraciones a pararse en el lugar de cabeza del Poder Judicial y ser líder en la defensa de la independencia de la Justicia ante los ataques políticos.
Recordaban esos jueces comunes que la actitud de Lorenzetti de batallar de igual a igual con el poder político tiene pocos antecedentes. El más cercano es ubicable en la época de Julio Nazareno cuando el riojano peleó con Eduardo Menem. El gobierno menemista pretendía darle en la reforma constitucional el manejo de toda la Justicia al Consejo de la Magistratura y crear una Corte constitucional pura, influidos por el pensamiento de Héctor Masnatta y Eduardo Righi.
Las diferencias son el estilo y la edad. Lorenzetti tiene 52 años y los jueces inferiores ya imaginan una continuidad prolongada. Por eso ahora todos están encolumnados detrás de este santafesino que sin ser juez llegó a la Corte Suprema.
Por algo Camino dijo: «esta vez sí que los jueces y la Corte Suprema estamos todos unidos en la defensa de la independencia del Poder Judicial. Además, tenemos el liderazgo de la Corte Suprema y de su presidente». Se refería a Lorenzetti.


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