11 de abril 2023 - 00:00

Lado B: en el nombre de Dios

El Pesaj del pueblo judío se celebra todos los años, los siete días posteriores a la primera luna llena de primavera y recuerda el paso de la esclavitud a la libertad del pueblo hebreo. La Pascua representa el final de la Semana Santa cristiana y celebra el paso de Cristo a los cielos en el domingo posterior a la primera luna llena de primavera. Por último, el Ramadán es una celebración islámica de ayuno, oración y reflexión que recuerda la revelación del Corán al profeta y se inicia con la primera luna del mes de Shaaban. Por lo tanto, en estos días, las tres religiones monoteístas se encuentran ayunando, orando o celebrando en familia ¿Será casualidad?

A las religiones monoteístas se las llaman también Abrahámicas porque comienzan en el profeta Abraham. El Antiguo Testamento dice al inicio, En el principio Dios creó los cielos y la tierra, reconoce a Adan y Eva, a Noe como el salvador de la especie y a Abraham como el primer profeta en recibir la revelación de Yaveh. La historia del judaísmo prosigue con el éxodo del pueblo judío liberándose de la esclavitud egipcia al mando de Moisés, que lo conduce hasta la tierra prometida. Así sigue la historia en Medio Oriente hasta que en Galilea nace un pastor que tiene por destino salvar a la Humanidad. Eran los tiempos del Imperio Romano y este pastor, llamado Jesucristo, muere crucificado para purgar los pecados de la Humanidad, pero sus seguidores caminan por todo el mundo llevando las buenas nuevas del evangelio: el Cristianismo. Seis siglos después, muy cerca de allí nace un nuevo profeta llamado Mahoma, a quien se le revelan las escrituras del Corán dando inicio así al Islamismo, la tercera religión abrahámica.

En este mes de abril, algunos recuerdan el paso del pueblo judío por el desierto, otros la muerte y resurrección de Jesús y otros la revelación del Corán. Todos al mismo tiempo, al final de cuentas, todos tienen un único Dios: Yaveh, Dios o Alá. Un personaje fue testigo de las tres historias, sólo uno. Aquel que aparece en el Antiguo Testamento interpretando las visiones del profeta Daniel, en los evangelios anunciando a la Virgen la llegada del Mesías y en el islamismo entregando el Corán a Mahoma en nombre de Alá: el Arcángel Gabriel. Las tres religiones monoteístas comparten así un tiempo, un espacio, la historia, los objetivos, varios profetas y un ángel mensajero.

Cómo es posible entonces que la humanidad haya sufrido tantas guerras (además de otros cismas internos como fueron la reforma luterana o la pelea entre Chiitas y Sunitas), repasemos solo algunas de ellas: las Cruzadas, las Guerras de la Religión, la Reconquista española, las guerras bizantinos-musulmanas, la Guerra de los 30 años, la Guerra de Crimea, las indo-pakistaníes, las interminables guerras de medio oriente y muchas más que cobraron y siguen cobrando millones de vidas cada año desde hace siglos hasta hoy.

Desde el principio se sucedieron persecuciones, inquisiciones, torturas, holocaustos y guerras tildadas de santas, muchas de ellas escondiendo motivos económicos o de dominación detrás de una cruz, de una estrella de David o de una semiluna. Pero, si por un minuto, al calzarnos la kipá en la sinagoga o al arrodillarnos ante el altar de una iglesia o bien al reclinarnos hacia La Meca dentro de una mezquita, pensemos que tener un solo Dios, descender del mismo padre, provenir del mismo lugar y tener similares objetivos, nos permita, aunque sea en la Pascua de Resurrección, en el Seder de Pesaj o en el Ramadán pedir sinceramente por la paz mundial, en el nombre de Dios.

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