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18 de septiembre 2026 - 00:00

El límite del Single Vineyard: una parcela, dos versiones de un gran varietal

Desde el Oasis Sur mendocino, Bodega Jorge Rubio propone un par de etiquetas elaboradas con métodos diferentes a partir de un único terroir. El resultado son vinos que narran el mismo origen en idiomas distintos.

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El Premiado ocupa el lugar del vino de escuela, el que muestra el oficio acumulado. El Ánfora funciona como el laboratorio, la etiqueta que abre camino y busca expandir los límites. 

La categoría Single Vineyard construyó su prestigio sobre una premisa sencilla, que el lugar define al vino. Una parcela determinada, con su suelo, su altura y su clima, deja una huella que ninguna otra puede reproducir. De ahí el valor de identificar el origen en la etiqueta.

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Pero la premisa tiene un punto ciego. Si el viñedo lo explicara todo, dos vinos elaborados con uvas de la misma parcela deberían parecerse bastante. En General Alvear, en el extremo sur de Mendoza, hay un caso que permite ponerlo a prueba.

Bodega Jorge Rubio elabora sus dos etiquetas de alta gama con uvas de las mismas siete hectáreas de Finca Gabriel, en el paraje El Desvío. Es el primer viñedo que plantó la familia, hace más de 25 años, a 465 metros de altitud, regado con agua de deshielo del Río Atuel sobre suelos aluvionales pobres en materia orgánica y ricos en minerales. Los dos vinos son 100% Malbec, los dos se cosechan a mano y los dos provienen de esa misma superficie. Ahí terminan las coincidencias.

Roble y ánforas de terracota

El Premiado Barricas Reservadas nació como una selección de los mejores barriles de las cosechas premiadas de la bodega. Fermenta con levaduras indígenas y tiene una crianza dividida, la mitad del vino pasa doce meses en roble francés de tostado medio y de segundo uso, y la otra mitad se cría sin madera. Es una decisión que evita el roble nuevo y limita el peso de la barrica a una parte del corte.

El resultado es un vino de rojo rubí intenso, con aromas de ciruela, mora, almendra, chocolate y vainilla. En boca es fresco y estructurado, de taninos firmes y amables, con un final prolongado. Su etiqueta de cuero envolvente se cose y se pega a mano. En el certamen Vinus obtuvo Doble Medalla de Oro con 97 puntos, el puntaje más alto que consiguió la bodega en ese concurso.

Jorge Rubio Ánfora recorre otro camino. Es una edición limitada de dos mil botellas que fermenta de manera espontánea, con levadura indígena y un veinte por ciento de racimo entero, en ánforas de barro español sin esmaltar de 500 y 1.000 litros. Los remontajes se hacen a mano con pisón de acero inoxidable, sin bombas. Terminada la maceración, el vino permanece un mes sobre los orujos y se trasiega por gravedad. Después de once meses en ánfora pasa un tiempo breve en barricas de quinto y sexto uso, apenas para redondear.

De ahí sale un Malbec de rojo violáceo brillante, con cereza, ciruela y mora, notas especiadas sutiles y un fondo terroso. En boca es fresco, franco y persistente, con taninos suaves y acidez vibrante. Su potencial de guarda, según estimaciones de la bodega, supera los diez años. En abril de este año la guía internacional TasteAtlas lo incluyó entre los veinte mejores Malbec del mundo.

La mirada del enólogo

La distancia entre los dos vinos no se explica por la uva. Se explica por lo que decide hacerse con ella, y ahí aparece la mirada del enólogo y fundador de la bodega.

Jorge Rubio lleva más de cuarenta años elaborando vino y sostiene una idea que atraviesa las dos etiquetas. El viñedo no es un punto de partida que después se corrige en la bodega, es el material con el que hay que trabajar tal como viene. Lo que cambia es la manera de escucharlo.

Esa convicción explica algunas ausencias que los dos vinos comparten. No hay roble nuevo en ninguno. No hay levaduras seleccionadas. No hay correcciones que empujen el vino hacia un estilo de moda. Hay, en cambio, una insistencia en que la técnica esté al servicio del viñedo.

"Queríamos volver al origen, trabajar sin madera nueva, sin bombas, con levaduras indígenas y dejar que el vino cuente su historia tal como es", explica Rubio sobre el proyecto del Ánfora, que arrancó en 2020 a partir de su interés por las prácticas de vinificación de las civilizaciones griega y romana.

Origen y decisión

Esta exploración no invalida la idea de Single Vineyard, la matiza. La parcela impone un techo y un piso, define la acidez natural, el nivel de madurez que alcanza la uva y la estructura tánica disponible. Nada de eso se puede fabricar en la bodega. Pero dentro de ese margen queda un espacio de decisión, y esas decisiones producen vinos con expresiones diferentes pero que hablan del origen.

En el portfolio de la bodega las dos conviven sin competir. El Premiado ocupa el lugar del vino de escuela, el que muestra el oficio acumulado. El Ánfora funciona como el laboratorio, la etiqueta que abre camino y busca expandir los límites. Los dos hablan del mismo lugar, General Alvear, en el Oasis Sur mendocino, una de las regiones vitivinícolas menos exploradas de la provincia.

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