El cumpleaños del Museo permite exhibir la excelencia del arte moderno argentino y, además, evaluar un modelo de gestión para una institución pública que, durante 13 años de trabajo intenso, logró dejar atrás la decadencia del llamado “Museo Fantasma”. La directora del Moderno, Victoria Noorthooon, recién llegada de la Bienal de Venecia, donde presentó “Darkness Visible: The Long Shadow of Dictatorship” [Oscuridad visible: La larga sombra de la dictadura].
En el lobby del Moderno, el paisaje de Ariel Cusnir, “Desde el origen”, atrapa la mirada con su magnetismo. Acuarelista de pequeño formato, Cusnir imaginó la escala real del mar que baña las playas de nuestras pampas y trajo el agua desde Necochea. De este modo su gigantesca acuarela envuelve al espectador.
Ana Gallardo ocupa la cafetería del Moderno y demuestra que, la elocuencia de una artista de primer nivel se impone, aunque el lugar que la alberga cumpla otra función. La exposición “Materiales para la memoria” posee dos formatos y un mismo tema que moviliza la conciencia: presenta una serie de objetos que pertenecieron a gente desaparecida. Las fotografías de las vasijas de barro que pintó su madre, llevadas a grandes dimensiones, cubren todas las paredes. Sobre este empapelado, Gallardo, huérfana de madre desde los siete años, presenta breves dibujos y pinturas de objetos de la vida cotidiana que logró reunir como reliquias. A modo de epígrafe, al lápiz y con letra menuda, aclara el lugar de pertenencia y la fecha: “Vaso de vidrio de familia de Rosario, 1978” o “Plato de la familia de Tucumán, 1976”. A veces, junto a los dibujos, coloca algunos platos y tazas adheridos a la pared o, descansando sobre pequeñas repisas. El espacio no desmerece la jerarquía de un arte documental, en este caso, la potencia. Cuando la gente se sienta con su taza de café humeante, entiende el mensaje: esos simples “materiales” mantienen viva “la memoria”.
En las salas del primer piso los curadores del Museo, Patricio Orellana, Pino Monkes, Franco Chimento, Nicolás Cuello, Raúl Flores, Jorge Ponzone y Valeria Semilla, con Noorthoorn a la cabeza, presentan la mega exhibición “Moderno y MetaModerno: Edición 70 Aniversario”, muestra integrada por alrededor de 300 piezas de artistas y diseñadores. La exposición reúne grandes obras del patrimonio del Moderno, algunas del legado de Ignacio Pirovano, con otras que son adquisiciones recientes. La fantasía inconmensurable de Emilio Renart y la negrura monumental de Eduardo Basualdo, frente a la pincelada negra de Kenneth Kemble y junto a los alambres de León Ferrari, abren un extenso recorrido. Cada ficha técnica está acompañada por la referencia a la fecha y las características del ingreso de las obras.
Lejos de ser una muestra abrumadora, dada su extensión, depara varias sorpresas. Una radiante pintura de Fernanda Laguna dialoga con la colorida expresividad de Cristina Schiavi y, ambas, al igual que la juguetona escultura del sesentista Juan Stoppani y los diseños de Sergio De Loof, cautivan con la alegría que provoca el fenómeno de una genuina felicidad visual. Para describir este fenómeno, Victoria Noorthoorn, asegura que hay obras que “deseaban verse juntas desde hace mucho tiempo”. Así explica los sentimientos que provocan estos reencuentros y utiliza el título “Platonic Love”, tomado de un bello y pequeño dibujo de la artista Graciela Hasper, para describir conversaciones imaginarias que entablan las obras. Algunas, verdaderos íconos del arte abstracto-geométrico argentino de los años 40, “conversan”, con los seguidores de la escuela abstracta argentina hasta el presente.
El texto de la muestra aclara que se trata de una conversación atemporal. No obstante, al mirar más detenidamente estas abstracciones, los curadores encuentran particularidades que aparecen como una novedad: “A medida que avanzamos en el tiempo, desde los años 40 hasta hoy, la mirada de las artistas mujeres aquí presentes ablanda la geometría, la vuelve más amorosa, más empática. Se permite el juego, el guiño, la crítica institucional, el humor”.
Agregan que, el relato sobre una abstracción blanda o platónicamente amorosa permite vislumbrar varios logros del Moderno: “Por un lado, la importante presencia de artistas mujeres creadoras de muchas obras recientemente adquiridas o donadas, buscando lograr una representación más equitativa de nuestra sociedad. Por otro lado, la clara vocación federal de este gran Museo público, al presentar obras de artistas de las más diversas provincias del país, tanto históricas como contemporáneas”. Y allí está la obra que ilustra la portada del catálogo de Elda Cerrato.
En medio de la sala se levanta, frente a un trono, la tarima roja de “El Dorado” rematada por una esfera y un cubo de bronce (sustituto del oro), la instalación que en 1991 presentó Liliana Maresca en el Centro Cultural Recoleta. La artista elegida para reconstruir su obra que se malogró y muy pocos conocen, no podía ser más acertada. Con una PC investigaba y luego imprimía, la estadística de los kilos de oro transportados a España y la relación de esta cifra con los litros de sangre india derramada. La mítica ciudad que despertó la avaricia de los europeos nunca se encontró.
Desde allí se divisan las rayas rojas, amarillas, naranjas y verdes, de una emocionante pintura de Sergio Avello. El recuerdo del muy querido artista marplatense que murió muy joven, al igual que Maresca, suma a la muestra el plus inagotable del afecto. Avello explicó como nadie la estética de los abstractos. Cuando lo invitaban al Centro Cultural Rojas, decía: “Ellos no entendían que a mí me gusta el arte geométrico, algo que estaba totalmente out. El arte decorativo era una porquería que se compraba por kilo para colgar en el living. Yo traté de recuperar el arte abstracto rioplatense con cierto humor, que es una cualidad que antes no tenía”, explicaba.
“El arte argentino avanzó mucho, tenemos una comunidad infinita”, señala Noorthoon. Y añade que en 2023 crearon en la web el “Mapa dinámico del arte argentino contemporáneo”, una herramienta que les interesa consolidar para cumplir con la responsabilidad de un museo público. “En 20 días los artistas habían subido 750 portfolios”, agrega. Estar a cargo de una institución pública con sus puertas abiertas, es el concepto que atraviesa la gestión actual, la dirección y los equipos de Curaduría, Patrimonio y Conservación.
Entretanto, el Programa Anual 2026, “Habitando el futuro”, y las exposiciones “Océano interior” y “Naturaleza Arquitecta”, también inmensas y atractivas, invitan a pensar cómo lograr que nuestra Tierra sea un lugar mejor.
En el año 2013, durante una entrevista con este diario apenas asumió la dirección, Noorthoon trazó sus ambiciosos objetivos: “Estoy apostando a armar el primer museo profesional plural de la Argentina. Intento alejarme de los modelos de gestión unipersonal que han imperado en este país. Estoy creando desde el día cero un equipo curatorial plural con curadores especializados en diversas áreas para que trabajen en una programación poderosa”.
Hoy, los curadores de entonces han sido reemplazados. Pero la condición plural del equipo y el propósito de que “el Museo genere conocimiento sobre el arte argentino y, que produzcamos muestras con tesis y conocimientos”, continúa.