13 de julio 2026 - 19:34

La cultura argentina y los sentimientos que despierta

La Academia Nacional de Bellas Artes celebró sus 90 años con una muestra en la Casa Victoria Ocampo que reúne piezas históricas, fotografías y obras de artistas nacionales.

Fotografías tomadas por Alfredo González Garaño en la casa de Mar del Plata de Victoria Ocampo, durante la primera visita de Igor Stravinsky  a la Argentina en 1936.

Fotografías tomadas por Alfredo González Garaño en la casa de Mar del Plata de Victoria Ocampo, durante la primera visita de Igor Stravinsky  a la Argentina en 1936.

(FAGG)

A nadie debe extrañar que, el sentimiento inocultable de pertenencia que embarga hoy a los argentinos, quede a la vista en algunas actividades culturales. Más allá de fútbol, un fenómeno de pasión exaltada, hay emociones que despiertan con determinadas cuestiones del arte y de nuestra historia. Para comenzar, el Fondo Nacional de las Artes recibió en la Casa Victoria Ocampo a la Academia Nacional de las Artes, para festejar sus 90 años de existencia y mostrar allí los tesoros de su patrimonio. Las palabras del anfitrión, el presidente del FNA, Tulio Andreussi, y las de su invitado, quien preside la ANBA, Sergio Baur, subrayaron el mutuo entendimiento entre ambas instituciones y la ambición de continuar funcionando en como un equipo en algunas actividades.

Mundano, Baur, un personaje que supo conciliar un brillante desempeño en el ámbito de la cultura con su carrera diplomática, es capaz de rescatar y exhibir los más notables perfiles de los argentinos. Durante su gestión como embajador en Egipto, investigó la fascinación de la sociedad criolla por ese territorio. Así nació la exposición “Ciencia y fantasía. Egiptología y egiptofilia en la Argentina”. Y esa historia de amor por Egipto renació con el mismo ímpetu después de casi un siglo. Frente a los ojos de todos, el Museo de Bellas Artes batió un récord de visitantes. Hasta el pasado abril, el público hacía colas para ver los sarcófagos, jeroglíficos, papiros y máscaras funerarias, entre los 180 objetos provenientes de colecciones argentinas que reunieron los dos curadores, Baur y el también académico, José Emilio Burucúa.

La exposición actual en la Casa Victoria Ocampo, presenta su patrimonio y en primer plano una fotografía alocada de gran formato con los perfiles de Victoria Ocampo y el genio de la música, Igor Stravinsky. Ambos, posan sonriendo y, con actitud desafiante rivalizan con sus grandes narices. En el recorrido hay una serie de fotografías que permiten imaginar otro país, otro mundo, anterior a los avances tecnológicos. Una de ellas exhibe a dos vendedores de diarios adolescentes mientras fuman (acaso) su primer cigarrillo. En otra está el “Vendedor de pescado”. Las imágenes provienen de la Sociedad Fotográfica Argentina de Aficionados, de la serie “Tipos populares, ca. 1890”. Sociedad que integraron Francisco Ayerza, Federico Lacroze, Francisco P. Moreno, Marcelo T. de Alvear y Leonardo Pereyra.

Más adelante, se encuentran dos bellos dibujos del Obelisco porteño junto a una esquela de su autor, Alberto Prebich, donde les agradece a Marieta Ayerza y Alfredo González Garaño, las cariñosas palabras del telegrama que le enviaron cuando se inauguró, en 1936. Con sus despojados 67, 50 metros de altura, el Obelisco sorprendió por su modernidad y despertó el rechazo de los burguese. Pero a Prebich le tocaría sortear otro trance todavía peor. La gente ya se había acostumbrado a las líneas rectas de los monumentos modernos que le disgustaban tanto, cuando dos años más tarde se cayeron algunas lajas que recubrían el Obelisco. La polémica por la seguridad porteña llegó hasta el Consejo Deliberante, donde se votó por eliminarlo definitivamente. Esa medida nunca se ejecutó y en 1943 cambiaron las lajas por el revoque de cemento que perdura hasta hoy.

Baur se especializó en nuestras “confusas” rivalidades entre los grupos culturales. Hace más de una década les dedicó dos exposiciones muy documentadas en el Bellas Artes, con extensos catálogos, a los grupos Florida y Boedo. Después vendría la reivindicación de Norah Borges. Y justamente, el papel que cumple la Academia es el de documentar nuestro arte.

Gran parte de la muestra la ocupa la colección de la ANBA, donada por artistas como Gachi Hasper, Matilde Marín, Josefina Robirosa, Alejandro Puente y Clorindo Testa, entre otros. Además, como prueba de las dificultades que atraviesa todavía el mundo del arte en la Argentina, hay una obra reveladora. Una magnífica maqueta de la Casa Taller del Artista, diseñada en 1995 por Mario Roberto Álvarez, Alfredo Casares, Luis Morea y Clorindo Testa, tiene un cartelito donde se lee: “Ambicioso proyecto promovido por la Academia durante más de veinte años para crear una residencia para artistas con talleres y espacios expositivos. Pese a los esfuerzos realizados, el financiamiento requerido para concretar la iniciativa nunca llegó a consolidarse.” Esta realidad penosa contrasta con la grandeza del proyecto, la frustración y el orgullo coinciden al contemplarlo.

Las numerosas publicaciones de la Academia se completan con las portadas de Horacio Butler, ilustraciones originales que realizó para la Editorial Sudamericana durante los años 40 y 50. Entretanto, figuran también las fotografías de Hans Man, la Virgen niña del Museo de San Francisco de Catamarca y arco de ingreso a un atrio en Jujuy. Imágenes tomadas para las primeras publicaciones de la Academia, ca. 1940.

En la entrada a la Casa VO, un alegre barrilete de Clorindo Testa, el genio del brutalismo, recibe al espectador.

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