Coyuntura: un gran desafío estructural

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La industria del vino pasa por un momento complejo. Los desafíos son varios. Por un lado, es necesario volver a disponer de mano de obra, permanente y temporaria; es sabido el gran problema que ocasiona la falta de mano de obra en la cosecha de uvas y otras tareas específicas como la poda y atadura de la vid.

En el caso del personal permanente basta con decir que un obrero que llega a edad de jubilación no tiene relevo en tanto el éxodo rural no se ha revertido; además se necesita una modificación de las políticas sociales para que actúen como un verdadero puente entre las personas con necesidades y el mercado laboral y no que sean un obstáculo tal como se verifica a diario cuando por temor a perder beneficios asistenciales los trabajadores temporales eligen no buscar trabajo o bien se niegan a ser registrados, razón por la cual el productor se encuentra en la encrucijada de tomar personal informal o perder la producción del año; con un claro perjuicio en ambos casos.

Paralelamente es necesario mejorar la productividad a fin de lograr mayor eficiencia intrafinca; la mecanización es una parte de este proceso. Ya en el sector industrial, es decir de bodegas, se requiere de la incorporación de nuevas tecnologías (hay significativos avances en esta materia en los últimos años) pero no son accesibles dada la falta de competitividad, en la que se destaca la alta presión tributaria y la consolidación de un contexto inflacionario generador de incertidumbre e imprevisibilidad. Sumemos la dificultad de abastecimiento de envase – vidrio (botellas y damajuanas) que se ha transformado en un serio problema lo que implica repensar como llegar al consumidor.

Y por supuesto, sigue siendo un desafío aumentar el consumo interno de vinos; las políticas de promoción han fracasado. Aumentar las exportaciones de vinos es estratégico, pero requiere una macroeconomía ordenada que permita trazar una estrategia de crecimiento y trabajar en el acceso a nuevos mercados, es decir, reglas de juego claras y políticas de estímulo (el pago de retenciones va en dirección contraria) y acuerdos comerciales internacionales bilaterales o multilaterales.

Pero el gran desafío estructural, frente al cuál todo se minimiza, es como enfrentar el déficit hídrico, es decir la falta de agua; un recurso natural escasísimo que requiere políticas orientadas a la eficientización y racionalización de su uso. Se ha comprobado en países como Israel que prácticas de gestión de riego asociadas a goteo, reservorios, reutilización, hidroponía, plantas de desalación, etc. etc. resultan eficaces. Nada nuevo; no hace falta ir hasta allá para verificarlo.

(*) Director ejecutivo del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este.

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