A fines de los años 80, el criador australiano Wally Conron recibió una carta de una mujer ciega que quería un perro guía y que además sea hipoalergénico. Fue así que experimentó una cruza entre Labrador y Toy Poodle para crear a lo que bautizó como Labradoodle. Sin embargo, recientemente comentó estar arrepentido y calificó a su creación como “un monstruo”.
La nueva “raza” conquistó a muchos amantes de los animales, incluso al expresidente de Estados Unidos Barak Obama, o a la cantante Miley Cirus.
Conron tardó tres años en lograr una combinación que resultara satisfactoria. De la cruza que concretó nacieron tres Labradoodle que había cumplido el objetivo; eran excelentes perros guía y no causaban alergias. Solo pudo entregar a uno de ellos, por lo que decidió acudir a los medios promocionando a su espécimen hipoalergénico.
El éxito no tardó en llegar y todos querían un Labradoodle. Sus ventas se dispararon y esta nueva raza se hizo muy popular en todo el mundo. Pero también surgieron “copias” de otros criadores sin la misma experiencia y que no tuvieron igual resultado.
El problema es que el trabajo de Wally Conron se tardó 3 años en lograr ser exitoso, y es un criador profesional. Hoy en día, asegura su creador, los Labradoodles nacen con problemas como debilidad en algunas extremidades y displacía, además de problemas psicológicos.
“Abrí la caja de Pandora y lancé al monstruo de Frankenstein”, dijo días atrás en entrevista con Australia Broadcasting Corp.
Muchos especialistas, sin embargo, no concuerdan con Conron, dicen no entender sus expresiones respecto al comportamiento de los Labradoodles, e insisten con que se trata de perros “maravillosos”.
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