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10 de octubre 2022 - 09:55

Qué le pasa al cerebro cuando acariciamos a nuestras mascotas

Un estudio demuestra que acariciar a nuestros amigos perrunos impacta de forma positiva sobre una zona clave de nuestro cerebro.

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Acariciar a nuestros perros estimula y mejora nuestra actividad cerebral. 

Según un estudio publicado en PLOS ONE y liderado por la Universidad de Basilea, la corteza prefrontal es la estructura más avanzada del cerebro y se puede estimular su actividad tan solo con tocar a tu a tu perro. Ver, sentir y tocar a tus amigos perrunos genera un efecto estimulante que perdura durante largo tiempo, incluso si el perro ya no está presente, pero no es el mismo si en lugar de acariciar a un perro se acaricia un peluche.

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Los investigadores ahondaron en cómo interactuar con canes podía influir en dicha parte del cerebro para reafirmar el potencial de la terapia asistida con animales como parte de tratamientos de salud mental. Investigaciones anteriores determinaron que la relación con estos animales reduce el estrés y la depresión, pero estaba definido cómo se gestaban esos cambios a nivel neurológico.

Acariciar perros: como reacciona el cerebro

“La interacción con un animal es una situación social emocionalmente relevante para la mayoría de las personas” explican los especialistas. La corteza prefrontal es una región clave del cerebro, que además esta involucrada en la socialización y en el reconocimiento de las inquietudes y comprensión de los demás y de uno mismo. Teniendo esto en cuenta, consideran que el estudio de esta zona cerebral es importante para investigar los mecanismos subyacentes de las interacciones entre humanos y animales.

Para determinar los diferentes grados de influencia que se dan en el acercamiento e interacción entre humanos y canes, se seleccionaron a 19 hombres y mujeres sanos a los que midieron mediante una técnica no invasiva la oxigenación y riego sanguíneo en la zona de la corteza prefrontal.

Los parámetros se basaban en acciones como: ver al perro, acercarse mutuamente, entrar en contacto físico y que el humano le acariciase. El resultado inmediato fue que la estimulación de la corteza prefrontal iba creciendo y alcanzo el máximo nivel en las caricias.

Luego, se realizo el mismo protocolo con un peluche cubierto de piel y con una bolsa de agua caliente por dentro para que el peso, temperatura y tacto coincidían con el perro. Sin embargo, los efectos no eran los mismos. Los niveles de actividad en la corteza prefrontal que se registraron eran bajos o nulos. En cambio, la interacción entre personas y perros estimulaba dicha zona y, además, sus efectos duraban un tiempo largo después de la interacción, aunque el perro ya no este presente.

Para explicar estas diferencias, los expertos llegaron a la conclusión de que el motivo de los resultados es la familiaridad y vínculo social de los humanos con los perros.

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