El funk carioca, conocido como funky o funk brasileño, es un estilo de música originario de las favelas de Río de Janeiro. Caracterizado por su ritmo pegajoso, letras provocativas y una energía inconfundible, este género tiene sus raíces en el hip-hop, el rap y la música electrónica, pero fue evolucionado con el sello único Brasil. Una de sus figuras más destacadas es Anitta.
Nacida el 30 de marzo de 1993, como Larissa de Macedo Machado, es una cantante, compositora y empresaria brasileña, conocida por su talento para fusionar diversos géneros musicales. Hoy, es una de las figuras más influyentes de la música latina y brasileña, y fue clave en el proceso para lograr llevar el funky a un público internacional.
Mezclando la música moderna con ritmos brasileños y sonidos globales, Anitta pudo conquistar las listas de éxitos de varios países. Y como su amor por la ciudad que la vio nacer no solo lo lleva en sus letras, enclavada en las montañas de Rio de Janeiro, su casa cuenta la trayectoria de su vida y su innegable sentimiento.
"Esa fue una de mis peticiones, la vivienda tenía que ser brasileira, contar la historia de quién soy, mis raíces, mi religión”, dice Anitta durante una entrevista con la revista Architectural Digest (AD Magazine); con quienes, además, grabó un house tour de su casa y puede verse a través de YouTube.
La mansión de Anitta en Rio de Janeiro
Rio de Janeiro es una de las ciudades más emblemáticas y conocidas de Brasil, famosa por su impresionante belleza natural, su vibrante vida cultural y nocturna, y su energía única. Situada en la costa sureste de Brasil, es la segunda ciudad más grande del país, después de São Paulo, y uno de los destinos turísticos más visitados a nivel mundial.
Conocida por su mezcla de montañas, playas y selva tropical, fue elegida por Anitta para formar su hogar. Se trata de un proyecto que creó de la mano de la firma brasileña Studio Ro+Ca en tiempo récord y todo el proceso fue mediante reuniones online.
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Su propiedad está distribuida a lo largo de dos pisos y que transformó a lo largo de 6 meses, cuenta con vestíbulo, cocina, comedor, sala de estar, sala principal, sala de televisión, habitación principal y de visitas, y muchos balcones con vistas espectaculares.
La cantante es una gran amante del arte, por lo que su casa parece un auténtico museo, al contar con varias obras que expresan las causas por las que lucha, así como sus creencias religiosas. Desde la entrada, esta mansión cuenta su historia de vida: un espacio amplio te recibe junto con un mural de mosaicos en colores azules y naranjas que se lleva toda la atención. Esta pieza, según lo dicho por la propia Anitta, representa a los niños de las favelas con ángeles detrás, para recordar sus propios orígenes.
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La sala también es abierta y con vistas al jardín, y resalta una pieza en barro creado por mujeres en situaciones desfavorables al norte de Brasil. “Estar aquí me da una vibra de galería de arte”, explicó la artista.
Su pasión también se combina con sus creencias a la religión yoruba. Esta tradición sus orígenes en África, tiene una gran influencia en las comunidades afrodescendientes en todo el mundo. Quienes la practican, consideran que el equilibrio y la armonía entre los seres humanos y las fuerzas espirituales es fundamental para el bienestar de las personas.
En el piso, un recuadro con piedras y cristales fue colocado para energizar la casa; y en el comedor, hay una lámpara artesanal brasileña que representa un orisha, una deidad dentro de esta religión, que representa y gobierna un aspecto específico de la naturaleza o de la vida humana. Son considerados intermediarios entre los seres y el Dios Supremo, conocido como Olodumare o Olorun; y como se cree que tienen el poder de influir en diversos aspectos del mundo material y espiritual, esta pieza plasma una bendición para los alimentos y las comidas que se allí se celebran.
“Yo quería que mi cuarto tuviera una energía bien zen, como si yo estuviera en mi propio altar", expone Anitta sobre la habitación que fue diseñada bajo su gusto e inspiración.
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Al salir del lugar, un amplio jardín con vegetación abundante, con un estilo muy tradicional de Río de Janeiro, abre paso a la piscina que Anitta pidió que se redujera. El salón trasero presume arte indígena brasileño, mobiliario neutro de materiales naturales y un baño diseñado como si fuera de un club de fiestas.
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