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21 de mayo 2022 - 00:00

Cómo se conecta el intestino con el cerebro y por qué puede impactar en nuestro estado de ánimo

Una microbiota disbiótica, podría ser la base y también la consecuencia de numerosos trastornos y desórdenes neurológicos y del comportamiento humano como la ansiedad, la depresión y hasta el mal humor.

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El Eje cerebro-intestino-microbiota se refiere a la comunicación que existe entre el cerebro y el intestino y cómo puede verse influenciada por la microbiota gastrointestinal.

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No podemos tomar a estos 3 actores por separado ya que esta conexión representa un ecosistema complejo de moléculas, microbios y neuronas.

Pareciera que la microbiota intestinal, este conjunto de millones de microorganismos que conviven de manera simbiótica en nuestro intestino, juega un rol protagónico en la regulación de la respuesta al estrés, la ansiedad y la depresión.

Una simple frase puede expresar el potencial que tiene nuestro intestino: “Dime qué microbiota tienes y te diré como te comportas.”

Para poder entender y relacionar lo que pasa en el intestino con lo que sucede en nuestro cerebro y viceversa, tenemos que entender a esta conexión, como un camino bidireccional. Está cada vez más estudiada, y se está postulando como una posible explicación a algunos de los trastornos neurológicos más frecuentes como la enfermedad de Alzheimer o la enfermedad de Parkinson.

Las bacterias intestinales juegan un papel único en esta relación. La investigación científica y el mayor conocimiento de sus interacciones nos permitirá conocer innovadoras estrategias terapéuticas y nuevas maneras de entender el funcionamiento del organismo como un TODO.

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Aunque aún quedan muchas dudas por resolver y no conocemos todos los mecanismos y consecuencias de esta comunicación, estamos en condiciones de postular que una microbiota disbiótica, es decir, desbalanceada o alterada podría ser la base y también la consecuencia de numerosos trastornos y desórdenes neurológicos y del comportamiento humano como la ansiedad, la depresión y hasta el mal humor. Será de gran impacto conocer este circuito en profundidad para las terapéuticas futuras.

¿Cómo se comunican estos sistemas?

Se cree que la comunicación entre el intestino y el cerebro se produce a través de diferentes vías: el nervio vago, la circulación (mediante hormonas, metabolitos y neurotransmisores) y el sistema inmune.

El nervio vago cobra un rol protagónico (es uno de los principales comunicadores ya que representa la principal vía de envío de información desde la microbiota hacia el sistema nervioso central). Además de los neurotransmisores, las hormonas y las diferentes sustancias producidas por las bacterias intestinales, entre ellas los conocidos ácidos grasos de cadena corta.

La serotonina u hormona de la felicidad, se libera en el intestino y de manera directa o indirecta modifica nuestro comportamiento. Aunque las bacterias intestinales producen el 90% de la serotonina, ésta no llega al cerebro. La microbiota actúa sobre los niveles de sus precursores, que sí participan en la activación y la regulación de la serotonina a nivel del cerebro.

La microbiota intestinal también interviene en la liberación de una sustancia denominada GABA, un neurotransmisor fundamental en la modulación del comportamiento. Éste ayudaría a mejorar el control de la ansiedad. A su vez, los ácidos grasos de cadena corta como el butirato son producidos en el intestino, regulan los niveles de GABA y ayudan también al control del apetito.

¿Con qué estrategias podemos comenzar para una microbiota “saludable” y así impactar positivamente en nuestro cerebro?

Lic. en Nutrición, Coach de Salud Certificada, especialista en Bienestar Organizacional.

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