ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

14 de agosto 2026 - 12:00

Qué significa evitar el contacto físico con tu pareja, según la psicología

Una conducta que puede generar dudas en la convivencia tiene explicaciones diversas y no siempre representa falta de afecto o interés.

ver más

La cercanía corporal ocupa un lugar particular dentro de cada vínculo.

Magnific

Los abrazos, las caricias, tomarse de la mano o simplemente buscar cercanía suelen formar parte de la vida cotidiana de muchas parejas. Pero no todas las personas viven estos gestos de la misma manera y, en algunos casos, una de las partes puede preferir mantener cierta distancia corporal incluso cuando existe cariño y compromiso. La ciencia ofrece algunas claves para comprenderlo.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Existe una diferencia importante entre una preferencia que se mantiene desde siempre y un cambio repentino. Si alguien que antes buscaba caricias comienza a evitarlas, o si el alejamiento aparece junto con discusiones, malestar o dificultades para comunicarse, el contexto adquiere otro peso. En estos casos, más que sacar conclusiones apresuradas, conviene observar qué está pasando en el vínculo.

Los gestos cotidianos pueden tener un significado distinto según la historia y las necesidades de cada persona.

Por qué algunas personas evitan el contacto con su pareja

La relación que cada persona establece con las muestras corporales de cariño comienza a construirse desde edades tempranas. El modo en que una familia expresaba afecto, la frecuencia de los abrazos y la manera en que se respetaban, o no, los espacios personales pueden influir en los hábitos que se mantienen durante la adultez.

También existen diferencias individuales. Algunas personas necesitan más espacio personal y pueden sentirse incómodas cuando reciben demasiadas caricias o abrazos. Para ellas, ese comportamiento no necesariamente implica rechazo: simplemente tienen otra forma de vincularse y pueden demostrar interés mediante conversaciones, ayuda, compañía o pequeños gestos cotidianos.

La personalidad también puede tener un papel. Una persona más reservada puede no sentirse cómoda exteriorizando emociones a través del cuerpo, mientras que otra puede encontrar en una caricia o un abrazo una de las principales maneras de expresar lo que siente. Estas diferencias pueden generar un choque cuando los integrantes de una pareja tienen necesidades afectivas distintas.

Otro punto que los especialistas suelen contemplar son las experiencias personales. Situaciones desagradables del pasado pueden modificar la manera en que alguien interpreta determinadas demostraciones de cercanía. En algunos casos, además, existe una mayor sensibilidad ante determinados estímulos físicos, por lo que un roce, una caricia inesperada o un abrazo prolongado pueden resultar incómodos.

El estilo de apego también aparece entre los factores estudiados en psicología. Las experiencias vinculares previas pueden influir en la forma en que una persona se relaciona con la intimidad, la confianza y la cercanía.

Las muestras de afecto forman parte de la vida cotidiana de muchas parejas y pueden expresarse de maneras muy diferentes.

Los beneficios del contacto físico, según la ciencia

El contacto entre personas no solo tiene una dimensión emocional. Distintas investigaciones estudiaron cómo las demostraciones corporales de afecto pueden relacionarse con respuestas fisiológicas y con la percepción del dolor.

Uno de esos trabajos fue publicado en Scientific Reports y analizó a 22 parejas románticas. Los investigadores estudiaron qué ocurría cuando una persona experimentaba un estímulo doloroso y su pareja estaba presente, tanto con contacto como sin él. Se registraron variables como la frecuencia cardíaca y la respiración.

Los resultados mostraron que tomarse de la mano favorecía la sincronización fisiológica entre los integrantes de la pareja. Cuando la persona que sufría el estímulo doloroso no podía recibir contacto, esa sincronización disminuía; cuando se permitía que su pareja la tomara de la mano, volvía a aumentar. El estudio también encontró una asociación entre el contacto de la pareja y una menor percepción del dolor.

Otra investigación posterior, publicada en PNAS, estudió la relación entre el contacto de las manos, la actividad cerebral y la reducción del dolor. El trabajo aportó evidencia sobre la forma en que la interacción entre dos personas puede acompañar procesos vinculados con la regulación del dolor.

Estos resultados permiten entender que una caricia o un gesto de cercanía pueden tener efectos que van más allá de lo simbólico. El cuerpo responde ante determinadas formas de interacción social y, en contextos de confianza, el contacto puede contribuir a generar una sensación de acompañamiento y seguridad.

Últimas noticias

Te puede interesar

Otras noticias