La ciencia del bienestar lleva años intentando responder una pregunta tan sencilla como difícil: ¿somos más felices cuando somos jóvenes, durante la adultez o cuando llegamos a la vejez? Una investigación encontró un patrón llamativo: el malestar tiende a alcanzar su punto máximo cerca de los 49 años.
La idea se conoce como la curva de la felicidad en forma de U. Durante las primeras etapas de la vida, el bienestar puede ser relativamente elevado, luego descender durante la adultez y tocar un mínimo en la mediana edad antes de recuperarse. Durante años, distintos trabajos académicos encontraron patrones similares en países muy diferentes.
Los estudios sobre bienestar buscan comprender cómo varían las experiencias según cada etapa.
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La curva de la felicidad en forma de U: ¿por qué los 40 son la etapa más difícil?
La llamada curva de la felicidad describe una relación estadística entre edad y bienestar subjetivo. La idea general es bastante intuitiva: el bienestar comienza en niveles relativamente altos, cae durante la adultez y vuelve a recuperarse en edades posteriores.
El punto más bajo se ubicó aproximadamente entre los 47 y 49 años, dependiendo del país y de la medida utilizada. En un análisis de 132 países, el promedio del mínimo fue de 47,2 años en los países desarrollados y de 48,2 en los países en desarrollo.
El estudio sobre infelicidad publicado en 2020 llegó a un resultado todavía más concreto. Al analizar distintos indicadores, los investigadores encontraron que el nivel máximo de infelicidad aparecía, en promedio, a los 49 años. Entre los factores observados estaban ansiedad, preocupación, soledad, tristeza, estrés, dolor, depresión y problemas de sueño.
Qué dice la ciencia: el estudio de David G. Blanchflower con 14 millones de personas
El trabajo publicado en el Journal of Economic Behavior & Organization analizó casi 14 millones de respuestas provenientes de distintas bases de datos. La particularidad del estudio fue que no se limitó a preguntar si una persona se consideraba feliz. Se analizaron 21 formas diferentes de medir la infelicidad, entre ellas ansiedad, depresión, soledad, estrés, tristeza, sensación de fracaso, tensión, dolor y descanso insuficiente.
El resultado mostró una especie de curva en forma de campana: el malestar aumentaba durante buena parte de la adultez, alcanzaba un máximo cerca de los 49 años y luego descendía.
En paralelo, otros trabajos habían encontrado el movimiento inverso para la felicidad y la satisfacción con la vida. En una investigación publicada en 2020 que el patrón en forma de U aparecía en numerosos países incluso después de tener en cuenta variables como educación, estado civil y situación laboral.
La percepción sobre la propia vida puede cambiar con el paso de los años.
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De los 49 años en adelante: las razones por las que la satisfacción vuelve a subir
La segunda mitad de la curva plantea otro interrogante: si la satisfacción cae durante la adultez, ¿Qué sucede después?. La evidencia histórica indica que, una vez superado el punto mínimo, el bienestar tiende a recuperarse. En los modelos de la curva U, la satisfacción con la vida vuelve a aumentar a medida que avanza la edad.
Una posible explicación está relacionada con las expectativas. Con el paso del tiempo, las personas pueden modificar sus prioridades y comparar su realidad con objetivos más ajustados a sus circunstancias. También pueden ganar estabilidad, desarrollar vínculos más consolidados y aprender a administrar mejor determinadas situaciones que durante la juventud parecían difíciles de manejar.
El cambio generacional: por qué los jóvenes están sufriendo más en los últimos años
Los trabajos más recientes muestran que la vieja curva U comenzó a desaparecer en varios países. Un estudio analizó datos correspondientes a 44 países entre 2020 y 2025 y encontró que el malestar ya no seguía el tradicional patrón de aumento hasta la mediana edad y descenso posterior.
Según los investigadores, el principal cambio está relacionado con el deterioro del bienestar de las personas jóvenes. En Estados Unidos y Reino Unido, la asociación entre edad y bienestar comenzó a modificarse alrededor de 2011, con niveles de malestar particularmente elevados entre los más jóvenes.
El fenómeno tampoco parece limitarse a Estados Unidos o Europa. Un estudio sobre 18 países de América Latina encontró señales de deterioro del bienestar entre los jóvenes, aunque los resultados varían según la encuesta y el país. En algunas mediciones latinoamericanas, los jóvenes todavía aparecen como más felices que los grupos de mayor edad.