¿Quién no soñó alguna vez con tener una soprano o un tenor cantando en el living de su casa? Cada viernes y sábado a las 21.00 hs, en Avenida El Cano 3575, ese sueño se convierte en realidad.
Un sitio en donde se respira la influencia directa de los inmigrantes italianos que vinieron a Argentina a principios del siglo pasado.
¿Quién no soñó alguna vez con tener una soprano o un tenor cantando en el living de su casa? Cada viernes y sábado a las 21.00 hs, en Avenida El Cano 3575, ese sueño se convierte en realidad.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La cita es en Positano Restaurante, un lugar en donde se respira la influencia directa de los inmigrantes italianos que vinieron a Argentina a principios del siglo pasado. Un sitio en donde cada fragmento de su arte, teatro y música trasladan imaginariamente al comensal al país transalpino.
Un recinto para disfrutar de la gastronomía italiana, del canto, la comedia y el arte en estado puro. Y que a pesar de las dificultades que trajo aparejadas el Covid, hoy vuelve a mostrar el esplendor de la prepandemia. “Fueron tiempos difíciles para todos. Sin embargo, los gastronómicos y el espectáculo fuimos los más perjudicados. Hubo que mantener el personal, los gastos fijos del lugar, impuestos, más las obligaciones diarias que todos conocemos”, analiza Rodolfo Marullo, propietario de Positano. “Algunos, a pesar de las dificultades, pudimos llegar al puerto. Otros no lo lograron”, se lamenta.
Lo cierto es que de a poco el mundo se abre, Buenos Aires se abre. Y la gente, que tiene una enorme necesidad de salir, de ir a comer a restaurantes y bares, ir a un cine, a un teatro, comenzó a “abrirse” a esta nueva normalidad. Así, protocolos de por medio, con aforo reducido y manteniendo las medidas de salud, el regreso esperado llegó.
Positano es un lugar distinguido. Desde el momento en que uno ingresa al lugar y observa esas imponentes arañas antiguas colgadas del techo y decenas de mascaras del carnaval veneciano expuestas en estanterías (que también están a la venta), todo es magia.
Respecto a la gastronomía. Para comenzar, un plato de entrada y otro principal, donde la lasaña paso a ser el gran protagonista. Para cerrar, un sabroso postre acompañado por buenos vinos y una copa de champagne Bien frío para el tradicional brindis de la Traviata.
De pronto, se apagan las luces. Se escuchan voces de bienvenida, se observan siluetas vestidas de negro con capas que descienden con velas encendidas las escaleras que desembarcan en el salón principal. Es el inicio del show, con sopranos y tenores que hicieron su carrera o se encuentran actualmente en el Teatro Colon, como es el caso de Mónica Ferracani, quien fue protagonista principal de AIDA durante la celebración del 112 aniversario y los 10 años de reapertura del emblemático edificio.
Cada viernes y sábado la escena se repite. Un párrafo aparte merece el inmenso momento de Nessun Norman de Turandot. En el intervalo, interrumpe con su toque de humor una maestra de los años 60, que instruye a a sus alumnos (el público) a ponerse de pie y cantar la marcha de San Lorenzo e intercambia anécdotas de la escuela de aquellos años.
Terminada la segunda parte del espectáculo, todo da un giro inesperado y repasan canciones que son eternas: Penumbras, de Sandro; temas de Seru Giran y Edith Piaf, entre otros.
Así, pasan volando algo más de 3 horas en la que se invita a relajarse, a compartir una buena comida y ver un muy buen espectáculo.
Una verdadera “caricia al alma”, en tiempos tan complejos.
Entradas
Plato principal
Postre
Dejá tu comentario