De ahí que el mercado, que Dios mediante celebra el bonus de fin de año, lamenta la distancia que hay con la “calle”, sobre todo con la población que otrora integrara alguna capa de la clase media.
Una corrida a lo “argento”, pero en Rusia
A la hora del café, uno de los comensales que administra fondos del exterior comentó la corrida a lo “argento” de los rusos, que habrían retirado cerca de 290.000 millones de rublos -algo así como 3.500 palos verdes- de los bancos en la primera quincena del mes. El tema, explicó, era que ya hubo retiros en junio y julio por 4.500 y 7.300 millones de dólares, respectivamente, a partir de que se intensificaron los ataques con drones ucranianos.
¿Por qué la corrida? Según fuentes rusas, la salida de fondos refleja el temor a que el Gobierno tome medidas contra el sistema bancario y nacionalice los depósitos. Un déjà vu para todo argentino de ley.
El dólar sigue mandando cuando aumenta la aversión al riesgo
En cuanto a lo que acontece fronteras afuera en materia de monedas, esta mesa de economistas y gestores advertía que, en las ventas masivas simultáneas de bonos y acciones, ninguna divisa importante que no sea el dólar supera de forma fiable a la divisa estadounidense. Incluso las divisas defensivas tradicionales, como el franco suizo y el dólar singapurense, se debilitan frente al dólar en la mayoría de los casos.
Según explicaban, los clientes ya están bien posicionados: el franco suizo y el dólar singapurense son las divisas mejor mantenidas y con mayor volumen de compras netas dentro del grupo de calidad, mientras que el escaso interés en el yuan y el yen refleja la credibilidad de las políticas y la preocupación por posibles perturbaciones en la oferta, no los fundamentos de la balanza de pagos.
Al parecer, la tasa de interés real a corto plazo del dólar, la segunda más alta entre las economías con superávit, de 58 puntos básicos, brinda un argumento concreto a favor de la resiliencia del dólar en cuanto a rentabilidad, algo que sus pares con tasas de interés reales negativas a corto plazo no pueden igualar actualmente.
Ahora bien, alertaron que el principal riesgo es un descenso sostenido de los rendimientos reales estadounidenses, porque los movimientos al alza de julio ya han superado los máximos registrados durante los períodos de conflicto, y una mayor erosión podría socavar las condiciones que históricamente han mantenido la demanda del dólar durante las tensiones entre diferentes activos.
El crédito en dólares y los “esteroides” para el mercado cambiario
Juntada de financistas y operadores sub-30 y sub-40 en casona de Martínez fue el escenario de cruentos debates y cambio de figuritas. Al decir de una de las economistas más reconocidas de la city, está claro que el equipo del "Toto" recurre a esteroides para el mercado cambiario. Se destacó que en las últimas semanas la normalización financiera se tomó un respiro, a la par de las encuestas que acusan recibo de una economía que no termina de arrancar.
Pocas expectativas con la flexibilización normativa para los créditos en dólares a empresas sin flujos directos o indirectos en divisas. Se estima que la capacidad prestable liberada rondaría los 6.000 a 7.000 palos verdes.
Criticaron la visión del ministro Caputo sobre que esto era diferente a cómo se operó el crédito en dólares durante la convertibilidad, porque si los dólares iban a las reservas, el multiplicador del crédito no opera como sostuvo el Toto.
Los más memoriosos o estudiosos recordaron que, en el uno a uno, el “back up” de las reservas no cubría los depósitos que se habían “multiplicado”, y ese fue el problema con la corrida bancaria de 2001, que se llevó más del 20% de los depósitos. Para entenderlo: si los dólares se vuelcan al mercado y el que los compra los deposita en un banco, el multiplicador vuelve a operar; al igual que si los dólares que compra el BCRA son usados luego para intervenir cuando hay presión cambiaria o vendidos al Tesoro para el programa financiero.
Por ello, las expectativas son bajas en cuanto al impacto sobre el crédito y el nivel de actividad, porque no ven alineados los incentivos para que los bancos liberen más dólares para créditos de largo plazo.
Menos shopping y más fierros: la discusión por la reactivación
El debate sobre la economía y la calle estuvo al dente, pero la pregunta del millón sigue siendo cuánto tardará el crecimiento promocionado y esperado por el Gobierno en sentirse. Como suele decir una dama muy activa del mercado financiero oriunda del NOA, una cosa es tener dólares y otra conseguir que circulen: “también hay limones en Tucumán y no por eso todos hacen limonada”.
Ven al pobre Daza como el “vocero” don Quijote queriendo evangelizar sobre que lo peor ya pasó y ahora viene la fase de inversión, acumulación y crecimiento, mientras el resto ve el vaso medio vacío. En lo que sí concuerdan es en que la ansiada reactivación venga primero de la mano de las exportaciones y la inversión, y no por un boom de consumo. O sea, menos shopping y más oleoductos, gasoductos, minas e infraestructura.
Este es el gap de visión entre unos y otros: mientras el Gobierno mira la tierra prometida, el 2031, el resto no ve claramente cómo se llega sin perder el rumbo. Es decir, menos planes “12/24 cuotas” y más inversión en fierros.
Pero falta que el orden macro llegue a los mostradores de las empresas y comercios. Además, en el Excel todo muy lindo, pero el frente externo se complica y suben las tasas internacionales, encareciendo el financiamiento externo. Lo cierto es que, parafraseando a un veterano gestor, puede haber una macro ordenada y una calle que no la sienta, pero esa distancia, si no se cierra, tarde o temprano termina en las urnas. Detrás de esto está el espíritu de que, en realidad, el tema es que la macro no está bien ordenada.
El mercado quiere testear los $1.500
Sobre la probable dolarización de carteras por venir, algunos opinaron que no sería mala idea soltarle la rienda al tipo de cambio vía una mayor inyección de liquidez al sistema, aprovechando cierta estabilidad en las tasas cortas, la distancia al techo de la banda cambiaria y la baja monetización de la economía.
El IPC de julio definió el nuevo techo de la banda cambiaria para septiembre.
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El trasfondo es testear los $1.500, aunque en realidad sería probar el ánimo de la demanda de dinero. De modo que, si hay espacio para absorber más pesos, la inyección gradual de liquidez colaboraría con normalizar el funcionamiento monetario sin afectar el control cambiario.
Entonces, la clave pasa por calibrar cuánto espacio hay para recomponer liquidez y demanda de pesos dentro del esquema actual, en lugar de sobreactuar la defensa de los $1.500.
Tasas: un piso más alto y las apuestas del mercado
Y hablando de plata, empezó el intercambio de visiones sobre las tasas de interés locales. Ven un piso más alto para las tasas en pesos, sobre todo por lo visto entre los últimos días de julio y los primeros de agosto, donde el mercado de pesos volvió a mostrar lo que ya es una marca registrada del BCRA desde el año pasado: una restricción agresiva de la liquidez del sistema para que las tasas suban de nivel y de volatilidad.
Consideran que la licitación de mitad de mes viene a confirmar que el Tesoro está cómodo con el nivel alcanzado en el mercado secundario, dado que el corte de la letra a noviembre fue a mercado. Ahora bien, ¿por qué las tasas se sostienen? Según explicó el anfitrión, un ex Galicia, la apuesta es que al BCRA se le complicaría recomponer la liquidez a los niveles previos a la licitación de fin de julio vía compra de divisas, porque la estacionalidad juega en contra de que Bausili compre fuerte. Por ende, sin esa emisión de pesos, la caución se mantendría en los niveles actuales, y como las tasas pasivas interbancarias se fijan con un “revolving” que toma días, recién en estas jornadas la TAMAR debería acomodarse por encima del 24% y sostenerse ahí mientras la caución siga en 22% a 22,5%.
Claro que ese escenario favorece las posiciones en instrumentos TAMAR cortos. Entonces, el promedio de tasa a “finish” que quedaría en estos plazos supera a las alternativas de tasa fija equivalentes, y por eso gana atractivo capturar la tasa variable —en un contexto que juega a favor— antes que fijar rendimiento en el tramo corto de la curva. En tal sentido, recomendaron como instrumento preferencial en TAMAR corto el TMF27. Mientras que, en el menú de opciones a descuento, en tasa fija corta la alternativa sería el S16O6/S30N6. Explicó que, dentro de la curva de instrumentos a descuento, el hecho de que la tasa variable pueda “performar” mejor en los próximos meses hace que las mejores opciones sean las de corto plazo.
¿Cuáles son las cosas a mirar? Que el nivel de la caución se sostenga en 22% a 22,5%, así la TAMAR se mantiene en zona alta; las compras de divisas del BCRA y la estacionalidad -si emite, inyecta liquidez presionando las tasas a la baja-; la velocidad del “revolving” en las tasas pasivas interbancarias, que define cuán rápido se acomoda la TAMAR; y las próximas licitaciones del Tesoro, como señal del nivel de tasas que la autoridad considera adecuado.
Por lo tanto, la oportunidad está definida por la dinámica de la liquidez, no por el calendario. Mientras la caución se mantenga en los niveles actuales, el piso más alto de las tasas es una chance para construir posiciones en pesos con mejor rendimiento. Para los que miran el proceso de desinflación, se ponderó el rol de los bonos cortos que ajustan por inflación, porque funcionan como una apuesta: le ganan a un bono a tasa fija solo si la inflación de los próximos meses termina siendo más alta que la que ya está incorporada en el precio.
Pero si la inflación núcleo sigue desacelerando, esa apuesta pierde atractivo, por lo que ganan terreno los plazos medios, donde el retorno no depende de acertar el dato de un mes, sino que viene de la tasa que el bono paga por encima de la inflación y de la posibilidad de que esa tasa comprima. En ese menú aconsejaron mirar la Lecer enero 2027 y el Boncer septiembre 2027.