2 de enero 2023 - 00:03

Lula prometió “reconstruir Brasil” desde “las ruinas” al asumir su tercer mandato

El mandatario encabezó una ceremonia multitudinaria en Brasilia en la que prometió acabar con el hambre y las divisiones fomentadas por su antecesor, Jair Bolsonaro, quien no estuvo presente para entregar la posta.

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Brasilia - El izquierdista Lula da Silva prometió este domingo “reconstruir” Brasil y reconciliar a sus compatriotas al acceder por tercera vez a la presidencia, una investidura marcada por la ausencia de su predecesor, Jair Bolsonaro.

Exactamente 20 años después de acceder al poder por primera vez, Luiz Inácio Lula da Silva, de 77 años, fue proclamado presidente junto a su vice, Geraldo Alckmin, al pronunciar su “compromiso constitucional” en el Congreso de Brasilia.

La ceremonia se inició con un minuto de silencio en recuerdo del exastro brasileño Pelé y de Benedicto XVI, ambos fallecidos esta semana a los 82 y 95 años, respectivamente.

Vestido con traje y corbata azul, Lula prometió en su primer discurso “reconstruir” el país sobre las “ruinas” del legado del ultraderechista Bolsonaro.

“Vaciaron los recursos de salud, desmontaron la educación, la cultura, la ciencia y la tecnología, destruyeron la protección del medio ambiente”, dijo Lula, que también reafirmó su compromiso de reducir a cero la deforestación en la Amazonía.

“No hace falta derribar ningún árbol más”, dijo el mandatario, asegurando que esto no impedirá apoyar al poderoso sector agrícola de Brasil.

Contrariamente a la tradición, su predecesor estuvo ausente. Bolsonaro viajó el viernes a Estados Unidos, dos días antes de finalizar su periodo de gobierno.

Al izquierdista lo arroparon una veintena de jefes de Estado, el mayor número para una toma de posesión en Brasil. Entre estos, figuran los mandatarios de Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Honduras y Uruguay, además del rey de España, Felipe VI.

Washington envió a la secretaria de Interior, Deb Haaland, la primera indígena en integrar un gabinete en Estados Unidos, mientras que por parte de China asistió el vicepresidente Wang Qishan.

A bordo del ya tradicional Rolls Royce negro descapotable, Lula se desplazó después junto a la primera dama, la socióloga Rosangela da Silva “Janja”, hasta el palacio presidencial de Planalto, donde le esperaba una marea de seguidores vestidos de rojo, el color de su Partido de los Trabajadores.

Ante la ausencia de Bolsonaro, el cacique Raoni junto a representantes de otras minorías y clases populares de Brasil fueron los encargados de entregarle la banda presidencial, una cinta de seda verde y amarilla bordada en oro y diamantes, que Lula recibió sin poder contener las lágrimas.

“Es inaceptable que continuemos conviviendo con prejuicios, discriminación y racismo. Somos un pueblo de muchos colores y todos deben tener los mismos derechos”, dijo.

Lula se dirigió a la mitad del electorado que no votó por él en el balotaje del 30 de octubre (50,9% de los votos ante 49,1% para Bolsonaro), un resultado que dio cuenta de una nación partida en dos.

“No existen dos Brasiles. Somos un único país, un único pueblo”, dijo Lula. “Voy a gobernar para los 215 millones de brasileños mirando hacia nuestro futuro luminoso y no por el retrovisor de un pasado de división e intolerancia”, aseguró.

“Fue un discurso maravilloso, de reconciliación”, dijo Suellen Campos Leopoldo, una mujer de 33 años que viajó desde Santa Catarina (sur) junto a su esposo para asistir a la ceremonia.

Esta contó con un dispositivo de seguridad inédito, con miles de agentes desplegados en la apacible capital.

Los preparativos para la toma de posesión se habían visto sacudidos luego de la detención de un bolsonarista que colocó un explosivo cerca del aeropuerto de Brasilia para provocar la declaración de un estado de sitio y evitar así la asunción, según su propia confesión.

Desde el balotaje, miles de seguidores de Bolsonaro se movilizaron en varias ciudades para rechazar el resultado en las urnas y pedir una intervención militar.

El presidente izquierdista tendrá desafíos inmediatos mayores a los que enfrentó en sus otras dos presidencias, que dejó con una inusual popularidad del 87%.

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