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28 de agosto 2008 - 00:00

Al candidato ya no le basta soñar

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Denver - El candidato presidencial demócrata-Barack Obama ultimaba ayer el discurso que pronunciará hoy ante 75.000 simpatizantes, con la incógnita de si será capaz de repetir el mensaje vibrante y conmovedor que dio en la Convención de 2004.

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Cuando Obama tome hoy la palabra en el Estadio Invescopara aceptar la candidatura demócrata, los votantes recordarán que hace sólo cuatro años, un político casi desconocido de Illinois pronunció un discurso electrizante que lo lanzó a la primera línea de la política nacional.

Cuatro años después, este senador por Illinois se convirtió en la apuesta demócrata para arrebatarle la Casa Blanca a los republicanos, con un mensaje de cambio y unidad que, en el fondo, mantiene la esencia de aquel discurso.

En un momento en que el país estaba dividido por la guerra de Irak, Obama habló en un tono casi evangélico de la necesidad de estar unidos, de olvidar las diferencias y de avanzar en positivo hacia el futuro.

«Yo les digo esta noche que no hay un Estados Unidos liberal, y otro conservador. Hay un Estados Unidos de América. No hay un Estados Unidos negro, otro blanco, otro asiático y otro latino. Hay un Estados Unidos de América», afirmó Obama entonces. «Y quiero decirles que en los estados liberales (del país), también rendimos culto a un Dios maravilloso. Y sí, en los estados conservadores tenemos amigos homosexuales», dijo Obama, en una intento de lanzar un mensaje contra la división y en favor de la unidad.
Estas frases han quedado ya en el subconsciente colectivo de los que han visto la carrera meteórica de este políticode 47 años, muchos de los cuales anhelan escuchar hoy un discurso igual de conmovedor.

«Barack Obama se enfrenta ahora a un problema, y es que se han creado expectativas muy altas acerca de su discurso», explicó Elizabeth Skewes, una profesora de periodismo y comunicación de masas de la Universidad de Colorado.

  • Expectativas

    En parte, las expectativas se han visto elevadas por la decisión de la campaña de Obama de convocar a 75.000 personas para escuchar el discurso en un gran estadio, justo el día en que se cumple el 45º aniversario de la famosa intervención de Martin Luther King, «Tengo un sueño».

    «El discurso de 2004 fue grandioso precisamente porque fue inesperado. Pero este creo que va a ser distinto, porque no podrá hablar tanto de ideales, sino de asuntos concretos y específicos de ámbito doméstico. Al fin y al cabo, es ya un candidato a la Casa Blanca que está en campaña», añadió.

    Para esta experta en comunicación, Obama se enfrenta, además, al problema de que, con su discurso, debe llegar a un bloque muy heterogéneo de votantes: los que simpatizan con él y los que lo hacen por Hillary Clinton, los que están indecisos y los que piensan que deben votar al republicano John McCain. «Definitivamente, no será un discurso tan retórico como el de 2004, aunque indudablemente, Obama es un político inteligente y con talento, y seguro que logra conmover al auditorio», aventuró Skewes.

    El propio Barack Obama ha tomado conciencia de que será difícil satisfacer las expectativas de sus seguidores. El lunes pasado, desde Iowa, aseguró que su discurso de este año será «mucho más específico». «No va a haber alta retórica. Ahora estoy mucho más preocupado por comunicar cómo voy a tratar de ayudar a las familias de clase media a poder vivir su vida sin dificultades», apuntó.

    Desde que se inició la campaña electoral, muchos analistas observan que el Obama retórico e idealista no ha estado tan presente como sus seguidores habrían deseado. A ello ha contribuido el hecho de que sus opositores, especialmente Hillary Clinton durante las primarias y John Mc-Cain ahora, han denunciado que la retórica de Obama no hace sino esconder su inexperiencia y su candidez. Por ello, explican los expertos, el senador deberá combinar la retórica idealista con los asuntos concretos que preocupan a los votantes.

    La situación de Obama será hoy bien distinta a la de 2004 cuando, consciente de que era un político casi desconocido, se presentó a sí mismo como «un tipo flaco, con un nombre divertido, que cree que Estados Unidos también tiene un sitio para él». Poco podía imaginar entonces que el sitio que le tenía reservado el destino era competir por la Casa Blanca.
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