Tabaré Vázquez se convirtió ayer en el primer presidente socialista de la historia de Uruguay. Lo hizo acompañado por una multitud que tomó las calles llevando banderas nacionales y del Frente Amplio. Su discurso inaugural entregó señales de moderación. Ratificó que se apegará a los compromisos internacionales del país, que mantendrá buenas relaciones con los organismos de crédito y que velará por el equilibrio de las cuentas públicas. Se comprometió a impulsar las investigaciones de las violaciones a los derechos humanos de la era militar, aunque sin violentar la ley de amnistía vigente. Pidió «más y mejor Mercosur» y prometió apoyar la lucha contra el terrorismo. EE.UU. confía en que el flamante presidente se enrolará en el socialismo moderno de Lula da Silva y emitió una declaración amistosa. Sin embargo, mantendrá en lo inmediato una actitud cautelosa. La restauración de las relaciones diplomáticas con Cuba y la advertencia lanzada ayer por Vázquez de que no tolerará intromisiones en los asuntos internos serán temas para seguir con atención desde Washington.
Esa sintonía se había reflejado antes cuando, primero a bordo de un Ford-T bautizado La Chalina, y luego en una 4x4 de producción uruguaya, marca Mahindra, Vázquez recorrió la avenida del Libertador y un tramo de la 18 de Julio, desde el Palacio Legislativo hasta el Edificio Libertad, escoltado por miles de uruguayos.
Dejá tu comentario