Manifestantes de El Alto esta marchan hacia La Paz
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"Fuera las transnacionales de Bolivia", "obreros y campesinos al poder", "Mesa traidor", corearon los campesinos cocaleros que culminaron una marcha de 200 km, encabezada por su líder, el diputado Evo Morales.
El paso de las columnas de marchantes generó tensión en las calles paceñas por el estallido de fulminantes de dinamita que sacudieron a la capital boliviana, marcando el inicio de una semana de protestas que ponen entre la espada y la pared al frágil gobierno del presidente Carlos Mesa y al Congreso boliviano.
La movilización paralizó a la capital boliviana que, obligada por las circunstancias, suspendió sus actividades normales y se vio envuelta en grandes atascos ocasionados en el tráfico vehicular que la policía trataba de solucionar a duras penas.
En medio de la convulsión social, el desconcierto en la población se alimentaba de rumores de golpe de Estado, mientras se vivía un clima de polarización evidenciado por persistentes consignas de los activistas que agitaban cada vez con mayor énfasis el lema de la nacionalización de los yacimientos de gas y las expulsión de las compañías petroleras.
Morales dijo a la AFP que los marchantes se quedarán en La Paz hasta que el Congreso apruebe la convocatoria a la Asamblea Constituyente y que se introduzcan modificaciones a la ley de hidrocarburos, promulgada la semana pasada por el legislativo.
Luego en una concentración, en la céntrica plaza San Francisco, en la tarde del lunes, el líder cocalero denunció que "el gobierno y los parlamentarios neoliberales quieren que nos cansemos, que nos desconcentremos", pero les respondió que el pueblo "seguirá movilizado hasta cambiar las políticas económicas que perjudican a los bolivianos".
Se refería a la decisión del Congreso de declarar un receso en las actividades legislativas hasta fin de mes para realizar trabajos regionales, medida interpretada por los cocaleros como una maniobra para evadir el emplazamiento de que aprueben la ley sobre la Asamblea Constituyente.
La caminata de los campesinos tuvo un tinte multicolor con cientos de banderas bolivianas y cánticos en que los cocaleros planteaban sus demandas, bajo la vigilancia de unidades de la policía antimotines.
Arturo Rojas, un niño de doce años se encargaba de animar a los marchantes, en la vanguardia de la marcha, desde lo alto de una camioneta, quien con un verbo inflamado instaba a "la recuperación de los hidrocarburos para el pueblo boliviano".
Con un altavoz en la mano el niño utilizaba un lenguaje propio de un cuajado líder sindical, lanzando duras críticas a las compañías extranjeras vinculadas a la explotación del gas, a la vez que censuraba a los miembros del parlamento por "honrar a las transnacionales sobre todas las cosas a cambio de jugosos sueldos y dietas".
La movilización de los cocaleros coincidió con el inicio de un paro general indefinido en la ciudad de El Alto, la más pobre de Bolivia, en reclamo de la nacionalización de los hidrocarburos, cuyos pobladores también marcharon hacia el centro de La Paz.
Abel Mamani, líder de la poderosa Federación de Juntas Vecinales de El Alto, dijo que las movilizaciones no buscan desestabilizar al presidente Mesa y que si éste cae "será por sus propia incapacidad y su irresponsabilidad".
"El Alto está de pie y nunca estará de rodillas", anotó al preciar que la movilización será permanente para presionar al gobierno y el Congreso.
Ante la posible agudización de la crisis social, los paceños comenzaron a aprovisionarse de alimentos, a la vez que denunciaban que en los mercados ya se producía un incremento en los precios de los alimentos.
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