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"No cabe ni la más mínima duda de que él (Saddam Hussein) será capturado (...) Resulta útil para nuestra presencia en Irak que se le capture o se le mate". Eso pondrá fin definitivamente al régimen baasista", dijo Bremer.
El diplomático estadounidense, que hizo estas declaraciones antes de que se anunciara este martes la captura en Mosul (norte) del ex vicepresidente iraquí Taha Yassin Ramadan, admitió que la muerte de Saddam Hussein no detendrá los ataques casi cotidianos contra las fuerzas estadounidenses, sobre todo en las regiones sunitas situadas al norte y al oeste de la capital.
"Esto (su desaparición) no ayudará a poner fin a la violencia dirigida contra nosotros, pero contribuirá a reducirla", dijo Paul Bremer.
Según él, la persistente violencia depende de otros factores como: los Fedayin de Saddam, una milicia paramilitar fiel al presidente derrocado, los criminales profesionales que siguen intentado aniquilarnos "con o sin Saddam", otros criminales, "un total de 100.000 personas", que estaban encarcelados hasta que Saddam ordenó su liberación a finales de 2002 y, por último, los "terroristas extranjeros en Irak".
"Los que más nos preocupan son los miembros de Ansar Al-Islam (...) que son extremadamente peligrosos y mantienen vínculos con Al Qaeda", la red terrorista del fundamentalista islámico Osama bin Laden, afirmó Bremer.
Ansar al-Islam es un grupo extremista, integrado por entre 700 y 900 miembros, que controlaba un pequeño enclave al noreste de Irak hasta que en marzo pasado se evacuó a sus combatientes de ese lugar durante un asalto conjunto de las fuerzas kurdas y estadounidenses.
Desde la caída del régimen de Saddam Hussein en abril, se detuvo a más de 50 islamistas, acusados de entrar en Irak para luchar contra las tropas estadounidenses, en la provincia de Suleimaniyá (norte), indicaron a la AFP esta semana varios responsables kurdos.
"Se ignora con exactitud su número (...) pero serán un centenar", indicó Bremer y advirtió de los riesgos de "la injerencia de Irán en los asuntos iraquíes".
"Los guardianes de la Revolución (Pasdarán, ejército de élite del régimen iraní) y los servicios de inteligencia iraníes trabajan juntos y están muy activos en contra de la coalición en este país.
Es un comportamiento irresponsable y contrario a los intereses de Irak", concluyó el administrador estadounidense en Irak.
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